miércoles, 25 de noviembre de 2015

LA VIDA CRISTIANA GUIADA POR EL ESPÍRITU SANTO

LA VIDA CRISTIANA GUIADA POR EL ESPÍRITU SANTO

(Juan 14:15-17) “15 Si me amáis,  guardad mis mandamientos. 16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: 17 el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros”.
El Espíritu, como fuego, derrite el corazón, quema la escoria, y enciende afectos piadosos y devotos en el alma, en la cual, como el fuego del altar, se ofrecen los sacrificios espirituales que son nuestras vidas mismas como un sacrificio vivo para nuestro Dios. Los apóstoles fueron llenos de los dones del Espíritu Santo; tuvieron poderes milagrosos para el avance de la Sana Doctrina de Cristo, este es el evangelio que Jesús nos dejó. Los apóstoles hablaron, no de pensamientos o meditaciones previos, sino como el Espíritu Santo les daba que hablasen.

La Iglesia sabe que nace en la Resurrección de Cristo, pero se confirma con la venida del Espíritu Santo. Es hasta entonces, que los Apóstoles acaban de comprender para qué fueron convocados por Jesús; para qué fueron preparados durante esos tres años de convivencia íntima con Él. La Fiesta de Pentecostés es como el "aniversario" de la Iglesia. El Espíritu Santo desciende sobre aquella comunidad naciente y temerosa, infundiendo sobre ella sus siete dones, dándoles el valor necesario para anunciar la Sana Doctrina de Cristo Que Es La Buena Nueva de Jesús; para preservarlos en la verdad, como Jesús lo había prometido (Jn 14:15) “Si me amáis, guardad mis mandamientos”; para disponerlos a ser sus testigos; para ir, bautizar y enseñar a todas las naciones.

Es el mismo Espíritu Santo que, hace más de dos mil años hasta ahora, sigue descendiendo sobre quienes creemos que Cristo vino, murió, resucitó y está a la diestra de Dios Padre abogando por nosotros; sobre quienes sabemos que somos parte y continuación de aquella pequeña comunidad ahora extendida por tantos lugares; sobre quienes sabemos que somos responsables de seguir extendiendo su Reino de Amor, Justicia, Verdad y Paz entre los hombres, mujeres, jóvenes, niños y ancianos en donde quiera que Cristo nos haya puesto, para hacer su voluntad.
Durante cuarenta días después de su resurrección, Jesús estuvo con sus discípulos. Se mostró a más de quinientas personas que lo vieron en carne propia.

De seguro, los discípulos estaban muy contentos de tener con ellos a su Maestro querido. Ellos pensaron, después de su muerte, que lo habían perdido para siempre. ¡Ahora estaba vivo! Sin embargo, les empezó a decir que El se tendría que ir. ¿Cómo lo tomarían? Por supuesto, estaban desconcertados frente a la posibilidad de que su Maestro se retirara.
Sin embargo, Jesús les había dicho algo sorprendente. A sus discípulos les dijo: (Juan 16:7) "Les conviene que me vaya porque, si no lo hago, el Consolador no vendrá a ustedes; en cambio, si me voy, se lo enviaré a ustedes". Aunque lo iban a extrañar, era mejor que se fuera. ¿Por qué? Porque iba a venir otro para tomar su lugar.

¿Quién iba a tomar el lugar de Jesús? ¿Quién podría tomar su lugar? Sólo uno que fuera Dios. Tendría que ser uno que es una persona también. El Espíritu Santo no es una fuerza. Tampoco es un fantasma. Es una persona, que es Dios juntamente con el Padre y el Hijo y que así como fue enviado Jesús también el Espíritu Santo fue enviado por Jehová Dios.
¿Dónde está el Padre ahora? Está en el cielo. ¿Dónde está el Hijo? Se ha sentado a la mano derecha de Dios. La forma en que Dios se hace presente con nosotros es por medio de su Espíritu. Dios mismo había anunciado por medio de sus profetas que en el tiempo de cumplimiento El derramaría su Espíritu sobre toda clase de personas, no sólo sobre los Servidores del pueblo. Ahora que Jesús había terminado su obra de redención, era hora de tomar el siguiente paso.

Vayamos, entonces, a (Hechos 1:1-5), y leamos los primeros cinco versículos: “1 En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, 2 hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido; 3 a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios. 4 Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. 5 Porque Juan ciertamente bautizó con agua, más vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días. Juan el Bautista había bautizado a las personas en agua como señal de arrepentimiento, pero ahora Jesús los bautizaría con el Espíritu Santo”.

Sigamos leyendo ahora los versos (Hechos 1:6-11) “6 Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? 7 Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; 8 pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. 9 Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. 10 Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, 11 los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿Por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo”.
Los discípulos desean saber acerca de la restauración del reino a Israel, pero Jesús les dice que eso no es lo importante ahora. Quisiéramos saber todos los detalles del plan profético de Dios, pero Jehová no nos ha revelado las fechas y las horas. Ahora hay otra cosa más importante - la venida del Espíritu Santo. Hay tres detalles importantes aquí. En primer lugar, la venida del Espíritu Santo traería algo mejor. Aunque era grandioso tener a Jesús ahí presente con ellos, la venida del Espíritu Santo, y como Persona Santa nos trae bendiciones diferentes como la revelación del Padre de lo que está escrito e inspirado por el Espíritu Santo, además Él reparte los  dones como Él quiere.

¿Alguna vez has pensado que sería maravilloso poder ver a Jesucristo en la carne? Un día lo podremos ver, y será glorioso. Sin embargo, tenemos la presencia de su Espíritu Santo en nosotros, preparándonos para ese glorioso momento. La presencia del Espíritu Santo en nosotros es algo bueno. No es algo para temer o para causar miedo.
En segundo lugar, la venida del Espíritu Santo traería poder. La presencia del Espíritu Santo en cada persona que cree en Jesucristo es la fuente de poder sobrenatural. Hay muchos creyentes que no han aprendido a permitir que ese poder se manifieste en sus vidas, pero esto no significa que el poder no está presente. El hecho de que las luces estén apagadas en la casa no significa necesariamente que no hay luz eléctrica.
En tercer lugar, el poder que trae el Espíritu Santo es principalmente poder para testificar. Hay muchas otras cosas maravillosas que hace el Espíritu Santo en nosotros: nos ilumina, nos convence, nos consuela, nos sana - todas estas cosas son muy especiales. Sin embargo, cuando Jesús les promete a sus discípulos que recibirían al Espíritu Santo, El no menciona ninguna de estas cosas. Sólo menciona el poder para testificar.

Mucha gente se pregunta: ¿Cuándo soy yo bautizado en el Espíritu Santo? ¿Cuándo llega El a mi vida? La Biblia es muy clara en la Sana Doctrina de Cristo. Si nosotros hemos llegado a ser creyentes en Cristo, hemos sido bautizados en el Espíritu Santo. Primera de (1Corintios 12:13) lo dice muy claramente: "Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu". Si hemos recibido a Cristo, y así llegamos a ser parte de su cuerpo, hemos sido bautizados en el Espíritu Santo.
Sin embargo, para los discípulos, fue diferente. Su bautismo en el Espíritu Santo vino después de que habían llegado a creer en Jesucristo. Esto se debe al lugar que ellos ocuparon en la historia de la salvación; el Espíritu Santo venía para llenar la Iglesia, así que todos lo recibieron al mismo tiempo.
Veamos cómo sucedió, leyendo (Hechos 2:1-8) “1 Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. 2 Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; 3 y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. 4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen. 5 Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. 6 Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. 7 Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? 8 ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?”.

¿Dónde estaban los discípulos? El verso 2 dice que estaban en una casa, pero a veces el templo es llamado una casa en el libro de Hechos. Sería lógico, entonces, suponer que estaban en algún cuarto del templo, pues esto explicaría por qué tanta gente se reunió tan rápidamente cuando ellos empezaron a hablar en lenguas. Para anunciar la llegada del Espíritu Santo, se oyó una gran ráfaga de viento, y se vieron llamas de fuego sobre las cabezas de cada uno de los seguidores de Jesús. El viento representa al Espíritu Santo, pues El es invisible como el viento, pero sus efectos son visibles y palpables. El fuego trae purificación, y el Espíritu de Dios trae santidad a las personas que El llena.



En el mismo momento, ellos fueron bautizados por el Espíritu Santo, y también fueron llenos del Espíritu Santo. Nos lo dice el verso 4. Para los apóstoles, el bautismo con el Espíritu Santo y la llenura del Espíritu Santo sucedieron al mismo tiempo. Sin embargo, para nosotros, pueden ser diferentes.
Ya hemos comentado que nosotros somos bautizados con el Espíritu Santo en el momento de creer en Cristo. En cambio, (Efesios 5:18-20) nos manda a ser llenos del Espíritu Santo: "18 No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, 19 hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales,  cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; 20 dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo".
Somos bautizados con el Espíritu Santo en el momento de creer en Cristo, y probablemente no veremos las mismas evidencias que se vieron en ese día. La verdad es que no podemos controlar al Espíritu Santo. El se mueve como El quiere. Sin embargo, podemos preparar nuestras vidas para su mover. También podemos estorbar su obra en nosotros. Si nosotros tenemos pecado en nuestra vida, si caminamos separados de Dios o si no buscamos activamente a Dios, es poco probable que el Espíritu nos llene con poder. En cambio, si confesamos cualquier pecado que Dios trae a nuestra atención y lo abandonamos, si pasamos tiempo con Dios y si le pedimos que su Espíritu nos llene, así nos preparamos para la llenura del Espíritu.

Los dones del Espíritu son diferentes, así que no debemos de pensar que todos hablarán en lenguas cuando el Espíritu Santo los llena. Sin embargo, lo que sí podemos saber es que El traerá un nuevo poder. Los resultados de la llenura del Espíritu Santo el día de Pentecostés fueron asombrosos. El apóstol Pedro, el mismo que había tenido tanto miedo la noche que Jesús fue traicionado que había negado a su Señor, ahora se levantó ante miles de personas y predicó la Palabra de Dios. Poderosamente llamó a sus oyentes a reconocer que Jesús es el Salvador, el Mesías enviado por Dios. Leamos ahora la última parte de su mensaje, de (Hechos 2: 36-41) “36 Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo. 37 Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? 38 Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. 39 Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare. 40 Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación. 41 Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas”.

Con poder, el Espíritu Santo se movió en los corazones de los oyentes de Pedro, y fueron convencidos de su pecado. Sabes, cuando tú compartes el evangelio con alguien, no te toca convencerle. El Espíritu Santo hace eso. Pedro simplemente fue obediente, y el Espíritu Santo lo usó. El resultado de la predicación de Pedro fue que la Iglesia de Jesucristo se fundó con más de 3.000 miembros en su primer día. Y la promesa es ésta: cada persona que se arrepiente y cree en Jesús como su Señor y Salvador - decisión que se sella con el bautismo en agua - recibirá el mismo Espíritu Santo que recibieron los apóstoles el día de Pentecostés.
Si tú estás buscando el poder que el Espíritu Santo te ofrece, la primera cosa necesaria es que aceptes a Jesucristo como tu Señor y Salvador. Si tú lo aceptas, el Espíritu Santo vendrá y morará en tu corazón. No esperes necesariamente oír algún sonido o sentir algo particular cuando El venga; muchos grandes creyentes no han sentido nada cuando el Espíritu Santo llegó a sus vidas.

Si ya has aceptado a Jesucristo como tu Señor y Salvador, ¿Estás permitiendo que el Espíritu Santo te llene? El está en tu corazón. Dios quiere sorprenderte con el poder de su Espíritu. Quiero retarte personalmente - y quiero retarnos como Iglesia - a empezar a esperar que el Espíritu se mueva entre nosotros.
¿Cuántas cosas hacemos en dependencia sobre el Espíritu Santo? ¡El es la gasolina que mueve la Iglesia! Pero muchas veces, tenemos tanta actividad que es meramente humana. Aprendamos a depender del Espíritu Santo, y esperar que El haga cosas nuevas y sorprendentes.

Si tú estás dispuesto a invitar al Espíritu Santo a moverse en tu vida de una forma nueva, quiero invitarte a señalar esa decisión en esta mañana-tarde. El Espíritu Santo es sensible, así que debes tomar un momento para pedir perdón por no escuchar su voz antes. Luego, invítale a tomar el volante de tu vida. Si quieres tomar esa decisión, hazlo ahora.

El ESPÍRITU SANTO Y LA VIDA CRISTIANA

A partir del Bautismo, el Espíritu divino habita en el cristiano como en su templo (Rom 8:9-11) “9 Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. 10 Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. 11 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros”; (1Cor 3:16) “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?”; (Rom 8:9) “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él”. Gracias a la fuerza del Espíritu que habita en nosotros, el Padre y el Hijo vienen también a habitar en cada uno de nosotros.

EL DON DEL ESPÍRITU SANTO ES EL QUE:
1.       nos eleva y asimila a Dios en nuestro ser y en nuestro obrar;
2.       nos permite conocerlo y amarlo;
3.       hace que nos abramos a las divinas personas y que se queden en nosotros.

 La vida del cristiano es una existencia espiritual, una vida animada y guiada por el Espíritu hacia la santidad o perfección de la caridad. Gracias al Espíritu Santo y guiado por Él, el cristiano tiene la fuerza necesaria para luchar contra todo lo que se opone a la voluntad de Dios. (Gal 5:13-18) “13 Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. 14 Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 15 Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros. 16 Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. 17  Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. 18 Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley”.

(Rom 8:5-17) “5 Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. 6 Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. 7 Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; 8 y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. 9 Más vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. 10 Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. 11 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. 12 Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; 13 porque si vivís conforme a la carne, moriréis; más si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. 14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. 15 Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! 16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. 17 Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados”.

Para que el cristiano pueda luchar, el Espíritu Santo le regala sus siete dones, que son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir los impulsos del Espíritu, estos dones son:

1)       Sabiduría: nos comunica el gusto por las cosas de Dios.
2)       Ciencia: nos enseña a darle a las cosas terrenas su verdadero valor.
3)       Consejo: nos ayuda a resolver con criterios cristianos los conflictos de la vida.
4)       Piedad: nos enseña a relacionarnos con Dios como nuestro Padre y con nuestros hermanos.
5)       Temor de Dios: nos impulsa a apartarnos de cualquier cosa que pueda ofender a Dios.
6)       Entendimiento: nos da un conocimiento más profundo de las verdades de la fe.
7)       Fortaleza: despierta en nosotros la audacia que nos impulsa al apostolado y nos ayuda a superar el miedo de defender los derechos de Dios y de los demás.

EXPERIENCIAS DEL ESPÍRITU SANTO EN LA VIDA CUANDO SE MANIFIESTA EN EVIDENCIAS:
1)       Cuando se da una esperanza total que prevalece sobre todas las demás esperanzas particulares, que abarca con su suavidad y con su silenciosa promesa todos los cimientos y todas las caídas.
2)       Cuando se acepta y se lleva libremente una responsabilidad donde no se tienen claras perspectivas de éxito y de utilidad;
3)       Cuando se da como buena la suma de todas las cuentas de la vida que uno mismo no puede calcular pero que Otro ha dado por buenas, aunque no se puedan probar;
4)       Cuando la experiencia fragmentada del amor, la belleza y la alegría se viven sencillamente y se captan como promesa del amor, la belleza y la alegría, sin dudar a un escepticismo cínico como consuelo barato del último desconsuelo;
5)       Cuando el vivir diario, amargo, decepcionante y aniquilador se vive con serenidad y perseverancia hasta el final, aceptado por una fuerza cuyo origen no podemos abarcar ni dominar;
6)       Cuando se corre el riesgo de orar en medio de tinieblas silenciosas sabiendo que siempre somos escuchados, aunque no percibamos una respuesta que se pueda razonar y disputar;
7)       Cuando uno se entrega sin condiciones y esta capitulación se vive como una victoria;
8)       Cuando se experimenta la desesperación, y misteriosamente se siente uno consolado sin consuelo fácil: Allí está Dios y su gracia liberadora, allí conocemos a quien nosotros, cristianos, llamamos Espíritu Santo de Dios.

Oración:
El hombre prudente, sabe que necesita luz en su inteligencia y fuerza en su voluntad para pensar y hacer lo que Dios quiere. Esa luz y esa fuerza solamente vienen de lo alto; es el Espíritu Santo quien provee al cristiano de todo lo que necesita para su caminar en la vida. Por eso, todos los días nos conviene invocarlo.

Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso Jehová Dios Bendito de los pobres; Grande, en tus dones espléndido, luz que penetras las almas, fuente de mayor consuelo. Ven, dulce Jehová Dios de nuestra alma, descanso de nuestro esfuerzo; descanso en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego; gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos. Entra hasta el fondo de nuestras almas, Divina Luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro, mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo. Doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. AMÉN.

PREDICA en Lerma por: PASTOR Víctor R. Preciado Balderrama
Hola hermanos les saludo con mucho amor en el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo, y con un solo propósito de que sean edificados sus vidas y sus ministerios, me gozo el saludarles y el que Dios me dé la oportunidad de servirles si me lo permiten, y con todo respeto a su doctrina o denominación, mi único interés es que corra la Sana Doctrina de Cristo, estoy ofreciendo:
Todo es completamente gratis, como escritor de estos materiales te voy a dar los originales para que tú le pongas el nombre de tu Iglesia o tu ministerio o le hagas las modificaciones que a ti te parezcan convenientes. Mi interés es que me des la oportunidad de servirles pues me queda muy claro que mi llamado no es de ser titular sino el de servir y que la Sana Doctrina de Cristo corra como un río poderoso arroyando toda basura de ignorancia.

Por favor si les interesan estos materiales escríbanme pidiéndomelos a cualquiera de los siguientes correos, y con mucho gusto y en el amor a Cristo se los enviaré inmediatamente sin cuestionar nada y que el Espíritu Santo los dirija y los lleve por buen camino, solo les pido en este mismo amor NO LO VENDAN: lo recibes de gracia dalo de gracia.
viclaly_57_57@yahoo.com
También les invito con mucho respeto a todas sus creencias a visitar el BLOGSPOT que Dios me ha regalado y que, con mucho amor he puesto algunos estudios que Dios me ha regalado en revelación, Efesios 3:8.
viclaly5757.blogspot.com


Publicar un comentario