viernes, 20 de noviembre de 2015

LA SANA DOCTRINA DE CRISTO NOS ESTÁ HACIENDO OÍR LO QUE DIOS ESTÁ DICIENDO

LA SANA DOCTRINA DE CRISTO NOS ESTÁ HACIENDO OÍR LO QUE DIOS ESTÁ DICIENDO
La Verdad que es la Sana Doctrina de Cristo, única y absoluta Verdad de Nuestro Dios Todo Poderoso, Jehová Dios de los Ejércitos que ha venido a libertarnos de toda mala enseñanza y a darnos libertad para poder tener una verdadera relación con nuestro Dios a través de Jesucristo y sabemos que estamos ligados a Jesucristo por manifestación del Espíritu Santo que se hace evidente en nuestras vidas, afirmándonos en la fe santísima de Jesucristo: (Judas 1:20,21) “20 Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, 21 conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna”.

Nos debemos de preguntar si ¿hay alguien que todavía desea escuchar la única Verdad? Que es la Sana Doctrina de Cristo, porque a través del profeta Jeremías es muy directo en sus reprensiones contra ciertos pastores. Creo que Dios tiene un ejército de pastores piadosos hoy, pero la Sana Doctrina por medio del profeta Jeremías emitió está reprendiendo a los asalariados: (Jeremías. 23:1,2;10-14) “1 ¡Ay de los pastores que destruyen y dispersan las ovejas de mi rebaño! Dice Jehová. 2 Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de Israel a los pastores que apacientan mi pueblo: Vosotros dispersasteis mis ovejas, y las espantasteis, y no las habéis cuidado. He aquí que yo castigo la maldad de vuestras obras, dice Jehová; 10 Porque la tierra está llena de adúlteros; a causa de la maldición la tierra está desierta; los pastizales del desierto se secaron; la carrera de ellos fue mala, y su valentía no es recta. 11 Porque tanto el profeta como el sacerdote son impíos; aun en mi casa hallé su maldad, dice Jehová. 12 Por tanto, su camino será como resbaladeros en oscuridad; serán empujados, y caerán en él; porque yo traeré mal sobre ellos en el año de su castigo, dice Jehová. 13 En los profetas de Samaria he visto desatinos; profetizaban en nombre de Baal, e hicieron errar a mi pueblo de Israel. 14 Y en los profetas de Jerusalén he visto torpezas; cometían adulterios, y andaban en mentiras, y fortalecían las manos de los malos, para que ninguno se convirtiese de su maldad; me fueron todos ellos como Sodoma, y sus moradores como Gomorra”.

La Sana Doctrina de Cristo por medio de Jeremías llamo a estos hombres “profetas de Sodoma”. Y enumeró las clases de maldades que vio en ellos: La primera en la lista es adulterio. Pastores con ojos llenos de lujuria. Ellos son sensuales, carnales con ojos errantes. Caminan en la mentira, la Verdad no está en ellos.
(Jeremías 23:15,16) “15 Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos contra aquellos profetas: He aquí que yo les hago comer ajenjos, y les haré beber agua de hiel;  porque de los profetas de Jerusalén salió la hipocresía sobre toda la tierra. 16 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan; os alimentan con vanas esperanzas; hablan visión de su propio corazón, no de la boca de Jehová”. Fortalecen a los malhechores en sus caminos de maldad. ¡No exponen el pecado de sus miembros prominentes, porque arriesgan sus ingresos en diezmos!
Hablan de visiones que no son de Dios. Más bien, hablan de visiones carnales diseñadas para levantar sus propios egos y reputaciones. Apoyan a los comprometedores por miedo a perder su afecto y apoyo. Promueven sueños personales diciendo: “Dios ha dicho” cuando Dios no ha dicho.


Usan ligerezas (bromas) en el púlpito, chistes frívolos usando la Palabra de Dios. Toman mensajes prestados de otros, no tienen una Palabra de Dios de ellos mismos. Y, lo peor de todo, tienen un mensaje que le sirve sólo a ellos. Jeremías dijo de ellos: (Jeremías 23:16,17) “No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan: os alimentan con vanas esperanzas; hablan visión de su propio corazón, no de la boca de Jehová. Dicen atrevidamente a los que me irritan: Jehová dijo: Paz tendréis y a cualquiera que anda tras la obstinación de su corazón dicen: No vendrá mal sobre vosotros”. Hermanos, pueden escuchar este mensaje hoy en los púlpitos por todo México. ¡No tengan miedo, México será bendecido otra vez! Vamos a ser prosperados, todo va a estar bien. ¡Estamos muy bien! México siempre va a ser especial para Dios...!

Pero la triste verdad es que muchos de los que predican este mensaje suave han perdido la unción. Dios ya no les habla, ¡porque están viviendo en pecado!
¡Muchos pastores, evangelistas, maestros, apóstoles y profetas no tienen derecho a pararse en un púlpito porque están inmundos!
Muchos de estos asalariados impíos deben de ser sacados del ministerio, porque están condenando a multitudes de ovejas que han confiado en ellos y enviando a numerosos jóvenes al error, porque muchos de ellos ya no quieren saber nada acerca de Dios.

Pero Jeremías también habló de otro tipo de pastor: (Jeremías 23:4) “Y pondré sobre ellas pastores que las apacienten; y no temerán más, ni se amedrentarán, ni serán menoscabadas, dice Jehová”. Estos siervos, andan en la Verdad que es la Sana Doctrina de Cristo, estos son hombres y mujeres de oración llenos de la Verdad y el Espíritu Santo. Son verdaderos pastores; santos, sin mancha, fervientes siervos que son enviados, que se levantan temprano. La Biblia dice que estos hombres de Dios están en el secreto de Jehová (Jer 23:18) “Porque  ¿quién estuvo en el secreto de Jehová, y vio, y oyó su palabra? ¿Quién estuvo atento a su palabra, y la oyó?”. ¡Los verdaderos siervos  oyen consejo de Dios y lo entienden y lo predican! Dios dice que este tipo de siervos “causan que mi pueblo oiga mis palabras... (Haciéndolos volver) de su mal camino y de lo malo de sus obras.

La palabra “estuvo” quiere decir, en otras palabras, ¡Que tuvieron un intercambio o comunión con el Padre celestial! Una y otra vez en la Biblia, encontrarás esta característica en cada hombre de Dios. Elías estuvo delante de Acab y le dijo: (1 Reyes 17:1) “He venido a ti, rey, porque he estado en la presencia de Jehová Dios de Israel”.  

(Jeremías 23:22) “Pero si ellos hubieran estado en mi secreto, habrían hecho oír mis palabras a mi pueblo, y lo habrían hecho volver de su mal camino, y de la maldad de sus obras” ¡No se puede culpar solamente a los pastores descarriados por la muerte espiritual y el compromiso en la iglesia de hoy! Jeremías mismo era todo lo que una congregación hambrienta podía pedir en un pastor. Jeremías estaba encerrado con Dios; no lo podían comprar a ningún precio; lloraba por de los pecados del pueblo de Dios. ¡Estaba listo para entregar su vida por la iglesia y ciertamente fue enviado a la cárcel y a un pozo cenagoso por decir la Verdad!
Una y otra vez, las Escrituras dicen que Jeremías esperaba en la presencia del Señor hasta que la Palabra del Señor viniera a él. (¡Esta frase aparece en más de cincuenta ocasiones en el libro de Jeremías!)

En esos días no había escasez de la Verdadera Palabra de Dios. Ciertamente, el Señor siempre había tenido sus profetas y pastores verdaderos, aún en tiempos de compromiso y deterioro. Una y otra vez, lees: “Y la palabra del Señor vino a Isaías... a Jeremías... a Ezequiel.” Vino a Daniel, Óseas, Joel, Amós, Jonás, Miqueas, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías y a Malaquías.

Y la palabra de Dios era siempre un aviso claro, lleno de juicio contra el pecado pero lleno de esperanza para el arrepentido. ¡Era un llamado de separación de la impiedad y a una vida continua de santidad! Usualmente, hay tres clases de respuestas a la Palabra de la Verdad. Y estas tres clases de respuestas se ven hoy en día en los cristianos.

1. ¡MUCHA GENTE SIMPLEMENTE
NO DESEA OÍR LO QUE DIOS ESTÁ DICIENDO!
Los israelitas no tenían intención de dejar sus caminos pecaminosos. En cambio, deseaban una palabra suave y calmante. El profeta Isaías decía acerca de ellos:
(Isaías 30:9,10) “Porque este pueblo es rebelde, hijos mentirosos, hijos que no quisieron oír la ley de Jehová; que dicen a los videntes: No veáis; y a los profetas: No nos profeticéis lo recto, decidnos cosas que halaguen, profetizad mentiras”. ¿Habrá hijos de Dios en el presente que demandan de sus pastores un mensaje mentiroso? ¡Sí, los hay! No los oirás decir estas palabras, pero puedes ver su respuesta cuando el pastor trae fuerte palabra profética. Se van de la iglesia, pensando; Yo no puedo aceptar este tipo de predicación, ¡me irrita! Prefiero una predicación simple de cómo puedo hacer frente a mis problemas.
Amados hermanos, esto es casi un párrafo de lo que Isaías dijo que Israel quería: (Isaías 30:11) “Dejad el camino, apartaos de la senda, haced cesar de nuestra presencia al Santo de Israel”. ¡Despreciaban tanto cualquier palabra que expusiera el pecado que exigían que tal mensaje fuera detenido!

Jehová Dios advierte a aquéllos que no quieren oír la verdadera Palabra de Dios, que es su Sana Doctrina de Cristo: (Jeremías 9:13-15) “13 Dijo Jehová: Porque dejaron mi ley, la cual di delante de ellos, y no obedecieron a mi voz, ni caminaron conforme a ella; 14 antes se fueron tras la imaginación de su corazón, y en pos de los baales, según les enseñaron sus padres. 15 Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí que a este pueblo yo les daré a comer ajenjo, y les daré a beber aguas de hiel”. Jehová Dios advierte: “Puedes escoger sentarte debajo de esa clase de predicación, afable, confortante, suave y fácil. ¡Pero es veneno! ¡Estás bebiendo muerte!”

2. ¡OTROS DICEN EN PRIVADO QUE DESEAN OÍR LO QUE DIOS
ESTÁ DICIENDO; PERO SU ORGULLO LES IMPIDE OÍR!
El Rey Sedequías ilustra mejor este tipo de persona. Él era un hombre de gran poder, influencia y autoridad. Su padre, Josías, fue un hombre piadoso, así que sabemos que Sedequías tenía un trasfondo en santidad y en las cosas de Dios. Aun así, cuando este hombre heredó el trono, no tuvo tiempo para el Señor, ¡esto es, hasta que le llegó una crisis! Jerusalén fue sitiada de repente, ¡rodeada por el ejército cruel de los caldeos, fuertes y poderosos! Eventualmente hubo escasez de pan y agua.



Sedequías llamó al profeta Jeremías, implorándole a él, (Jeremías 37:3) “Y envió el rey Sedequías a Jucal hijo de Selemías, y al sacerdote Sofonías hijo de Maasías,  para que dijesen al profeta Jeremías: Ruega por nosotros a Jehová nuestro Dios”. Así como muchos que enfrentan tiempos difíciles, Sedequías pareció desear la verdad. ¡Sonaba tan sincero, llamando la nación a orar!
Pero Jeremías profetizó destrucción al rey. Cerca de ese tiempo, vino palabra a los caldeos que el Faraón se acercaba por el oeste con su gran ejército. El pánico vino sobre los caldeos y huyeron: (Jeremías 37:5) “Y cuando el ejército de Faraón había salido de Egipto, y llegó noticia de ello a oídos de los caldeos que tenían sitiada a Jerusalén, se retiraron de Jerusalén”.

De repente, la Escritura dice: La Palabra del Señor vino a Jeremías, ¡otra vez! Fue instruido a ir al rey Sedequías y profetizara que los caldeos regresarían, ¡y que terminarían de hacer el trabajo! (Jer 37:8) “Y volverán los caldeos y atacarán esta ciudad, y la tomarán y la pondrán a fuego”.
Sedequías debe haber movido su cabeza en incredulidad, ¡ya él había escuchado esto antes! Así que sencillamente le dio la espalda a Jeremías. Pero no mucho tiempo después, un informante llegó con las noticias: (Jeremías 37:17) “el rey Sedequías envió y le sacó; y le preguntó el rey secretamente en su casa, y dijo: ¿Hay palabra de Jehová? Y Jeremías dijo: Hay. Y dijo más: En mano del rey de Babilonia serás entregado”. Pero Sedequías todavía no quiso recibirla. ¡Tan solo se endureció porque no era lo que él deseaba escuchar!

Eventualmente, las condiciones en la ciudad capturada empeoraron. (Jeremías 38:14) “Después envió el rey Sedequías, e hizo traer al profeta Jeremías a su presencia, en la tercera entrada de la casa de Jehová. Y dijo el rey a Jeremías: Te haré una pregunta; no me encubras ninguna cosa”.  En otras palabras, Dime la verdad aunque sea dura, sin palabras suaves. ¡Quiero oír lo que Dios está diciendo esta vez!.
Amados Hermanos, hay tantos que dicen, ¡Yo quiero oír la Sana Doctrina de Cristo que es la Palabra de Dios! Yo quiero la verdad recta, inflexible y pura. ¡Pero pueden estar seguros, estos jamás van a recibir lo que Dios dice porque el orgullo les impide que oigan cuando la Vedad viene!

Jeremías le dijo al rey que se entregara a los caldeos y que él y su familia y su pueblo vivirían. Hasta la misma ciudad sería liberada. Pero si él no se entregaba, sería todo destruido, ¡y él moriría! (Jer 38:18) “Pero si no te entregas a los príncipes del rey de Babilonia, esta ciudad será entregada en mano de los caldeos, y la pondrán a fuego, y tú no escaparás de sus manos”.
Sedequías le contestó: (Jer 38:19)  “Y dijo el rey Sedequías a Jeremías: Tengo temor de los judíos que se han pasado a los caldeos, no sea que me entreguen en sus manos y me escarnezcan”. Así que rechazó la palabra de Dios para él. ¡Aunque todos morían y la ciudad quedaba en ruinas, su orgullo permaneció intacto!
Sedequías terminó tratando de escapar a la media noche, pero fue capturado. ¡Sus hijos fueron asesinados delante de sus ojos, sus esposas fueron saqueadas y sus ojos fueron quemados, todo por el orgullo!
(Jer 39:4-7) “4 Y viéndolos Sedequías rey de Judá y todos los hombres de guerra,  huyeron y salieron de noche de la ciudad por el camino del huerto del rey, por la puerta entre los dos muros; y salió el rey por el camino del Arabá. 5 Pero el ejército de los caldeos los siguió, y alcanzaron a Sedequías en los llanos de Jericó;

y le tomaron, y le hicieron subir a Ribla en tierra de Hamat, donde estaba Nabucodonosor rey de Babilonia, y le sentenció. 6 Y degolló el rey de Babilonia a los hijos de Sedequías en presencia de éste en Ribla, haciendo asimismo degollar el rey de Babilonia a todos los nobles de Judá. 7 Y sacó los ojos del rey Sedequías, y le aprisionó con grillos para llevarle a Babilonia”.

3. ¡MUCHOS GIMEN Y CLAMAN POR UNA PALABRA PURA, PERO ES TODO
UNA FARSA PARA ENCUBRIR LA IDOLATRÍA ESCONDIDA EN SU CORAZÓN!
(Jeremías 42:1-6) “1 Vinieron todos los oficiales de la gente de guerra, y Johanán hijo de Carea, Jezanías hijo de Osaías, y todo el pueblo desde el menor hasta el mayor, 2 y dijeron al profeta Jeremías: Acepta ahora nuestro ruego delante de ti, y ruega por nosotros a Jehová tu Dios por todo este resto (pues de muchos hemos quedado unos pocos, como nos ven tus ojos), 3 para que Jehová tu Dios nos enseñe el camino por donde vayamos, y lo que hemos de hacer. 4 Y el profeta Jeremías les dijo: He oído. He aquí que voy a orar a Jehová vuestro Dios, como habéis dicho, y todo lo que Jehová os respondiere, os enseñaré; no os reservaré palabra. 5 Y ellos dijeron a Jeremías: Jehová sea entre nosotros testigo de la verdad y de la lealtad, si no hiciéremos conforme a todo aquello para lo cual Jehová tu Dios te enviare a nosotros. 6 Sea bueno, sea malo, a la voz de Jehová nuestro Dios al cual te enviamos, obedeceremos, para que obedeciendo a la voz de Jehová nuestro Dios nos vaya bien”.

¿Han oído de gente que sonaba más seria acerca de escuchar la palabra verdadera de Dios? Ellos dijeron: “¡Queremos la verdad! ¡Lo que sea que nos digas, lo obedeceremos nos guste o no!"

Así que Jeremías se encerró con Dios por diez días. Debió haber orado: “Señor, tu oíste como ellos lloraron por recibir una palabra pura. ¡Dame una palabra de tu propio corazón!"

Pero el Señor le contestó: “¡Están mintiendo! Ellos no desean mi palabra. Están llenos de idolatría. ¡Ellos sólo dicen que desean la verdad, pero ya decidieron hacer lo que desean!"

Jeremías fue a ellos con la palabra de Dios: “Si os quedareis quietos en esta tierra, os edificaré y no os destruiré; no temáis de la presencia del rey de Babilonia,...porque con vosotros estoy yo para salvarlos y librarlos de su mano...”
“Mas si dijereis: No moraremos en esta tierra,...sino que entraremos en la tierra de Egipto...sucederá que la espada que teméis, os alcanzara allí en la tierra de Egipto...y allí moriréis.

(Jeremías 42:9-16) “9 y les dijo: Así ha dicho Jehová Dios de Israel, al cual me enviasteis para presentar vuestros ruegos en su presencia: 10 Si os quedareis quietos en esta tierra, os edificaré, y no os destruiré; os plantaré, y no os arrancaré; porque estoy arrepentido del mal que os he hecho. 11 No temáis de la presencia del rey de Babilonia, del cual tenéis temor; no temáis de su presencia, ha dicho Jehová, porque con vosotros estoy yo para salvaros y libraros de su mano; 12 y tendré de vosotros misericordia, y él tendrá misericordia de vosotros y os hará regresar a vuestra tierra. 13  Mas si dijereis: No moraremos en esta tierra, no obedeciendo así a la voz de Jehová vuestro Dios,

14  diciendo: No, sino que entraremos en la tierra de Egipto, en la cual no veremos guerra, ni oiremos sonido de trompeta, ni padeceremos hambre, y allá moraremos; 15 ahora por eso, oíd la palabra de Jehová, remanente de Judá: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Si vosotros volviereis vuestros rostros para entrar en Egipto, y entrareis para morar allá, 16 sucederá que la espada que teméis, os alcanzará allí en la tierra de Egipto, y el hambre de que tenéis temor, allá en Egipto os perseguirá; y allí moriréis”.

Ellos rechazaron la palabra de Dios porque estaban cansados del sonido de la trompeta ¡cansados de la guerra espiritual! Los líderes del remanente decían: “Es muy grande la lucha aquí. Estamos cansados de escuchar todas esas trompetas y los truenos.” Así que se fueron por su propio terco camino y murieron a espada, tal como Dios había dicho, excepto por un numero bien pequeño.

(Jeremías 42:17) “Todos los hombres que volvieren sus rostros para entrar en Egipto para morar allí, morirán a espada, de hambre y de pestilencia; no habrá de ellos quien quede vivo, ni quien escape delante del mal que traeré yo sobre ellos”.

Este es el cuadro de muchos cristianos de estos últimos días. Están cansados de escuchar trompetas proféticas anunciando juicios que vienen, cansados de guerra espiritual y de las luchas que trae la vida. Ellos dicen: ¡Por favor, déjame ya! Hermano Víctor con tus predicaciones tan largas. No más reuniones de convicción o sermones que me desconciertan. Deseo sólo un lugar tranquilo y agradable para adorar.

¿ESTÁS CANSADO DE OÍRLO TODO LO QUE PREDICO? Te has cansado tanto que piensas: Yo sólo deseo paz no puedo existir bajo este tipo de tensión! Que provoca la Sana Doctrina de Cristo ¿O deseas escuchar la verdad directamente? ¿Deseas que un profeta de Dios te señale con el dedo a tu corazón y diga: Tú no eres diligente en buscar a Dios tu corazón se está enfriando? ¡Y no podrás recibir palabra de Dios hasta que enfrentes tu idolatría!.

¡Amados hermanos, el Señor nos amonesta para prepararnos! Jesucristo viene por una novia preparada y sabiendo que fuego ha de bajar del cielo, Dios nos amonesta de antemano en amor: (2 Pedro 3:11) “Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir”. No debemos llenarnos de pánico cuando el juicio cae ¡debemos estar preparados y listos!

¡UNA ADVERTENCIA PROFÉTICA PARA MÉXICO! Ahora mismo, creo que Dios está hablando una amonestación para nuestro país. Una y otra vez, escuché la voz suave: ¡Predícalo, amonesta! ¡Aquellos que desean la verdad la recibirán! Hermanos, esta amonestación no es para atemorizar a nadie. Es sólo para que lo lleves al Señor y ores. ¡No debemos sentir pánico o temor!

Una de las cosas más conmovedoras acerca de lo que Jeremías profetizó fue esto: ¡Él estaba allí cuando todo sucedió. Y él estuvo a salvo! ¡Jeremías sobrevivió los horrores que él amonestó que vendrían! (Jeremías 38:28) “Y quedó Jeremías en el patio de la cárcel hasta el día que fue tomada Jerusalén; y allí estaba cuando Jerusalén fue tomada”. Jeremías debió observar con horror desde su prisión a la armada de los caldeos cuando llegaron a la ciudad.

¡Él había amonestado por veintitrés años, pero nadie deseaba escuchar y ahora la sangre estaba corriendo!

Sin embargo, aquí hay buenas nuevas: (Jeremías 39:17,18) “17 Pero en aquel día yo te libraré, dice Jehová, y no serás entregado en manos de aquellos a quienes tú temes. 18 Porque ciertamente te libraré, y no caerás a espada, sino que tu vida te será por botín, porque tuviste confianza en mí, dice Jehová”.
Jeremías estuvo presente cuando la ciudad fue quebrantada ¡pero él estuvo a salvo! ¡Y no sólo él estuvo a salvo, también lo estuvo Ebed-melec, el hombre que le sacó de la cisterna! Cuando todo estaba derrumbándose, Jeremías envió un mensaje a Ebed-melec quien se encontraba escondido con miedo.

¿Pueden imaginarse el consuelo de Ebed-melec cuando oyó esta palabra? Sin embargo, nosotros también tenemos el mismo mensaje que fue dado a Ebed-melec:

¡Aquéllos que aman la palabra de Dios y caminan en fidelidad y obediencia serán milagrosamente guardados por Jehová Dios en tiempos difíciles! “¡Yo te libraré! ¡No temas, tu vida será guardada porque tu confías en mí!”

Ahora mismo, Dios está sacudiendo al mundo con temblores. La nación entera está sintiendo los dolores de parto del juicio. Pero cuando veas estas cosas y oigas que las ciudades del mundo están en llamas, puedes caer de rodillas y regocijarte, no por el juicio, sino por la promesa de Dios: Jehová Dios, yo deseaba oír lo que tú tenías que decir. ¡Y tú me amonestaste! ¡Yo obedecí tu palabra y no necesito temer!

¡Aleluya! Hermanos en el amor a nuestro Señor Jesucristo, te pido con todo mi ser no sierres tu oído para oír la Sana Doctrina de Cristo, que nos está haciendo oír lo que Dios nos está diciendo.

Predica por: Pastor Víctor Ramón Preciado Balderrama
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