lunes, 23 de noviembre de 2015

DESCUBRIMOS QUE EL DESALIENTO NOS LLEVA A UNA REACCIÓN EQUIVOCADA

DESCUBRIMOS QUE EL DESALIENTO NOS LLEVA A UNA REACCIÓN EQUIVOCADA
(Salmos 31:24;42:5) “24 Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová, y tome aliento vuestro corazón. 5 ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío”.

INTRODUCCIÓN: Desaliento es un sentimiento de desesperanza, un decaimiento del ánimo o desfallecimiento en las fuerzas. Este sentimiento puede ser muy poderoso y aniquilante, si no actuamos con determinación para evitarlo. Pero el desaliento puede ser el producto de un gran temor no vencido o superado con anterioridad. El desaliento puede inclusive llevarnos a un estado de ansiedad severa, del cual difícilmente podremos salir si no lo cortamos a tiempo y lamentablemente, en la actualidad mucha gente vive en desaliento, dada la difícil situación económica y social que afecta al mundo entero. Sin embargo y aunque el mundo esté en caos, no debemos permitir que el desaliento se apodere de nosotros y a continuación hablaremos de cómo superar el desaliento.

¿POR QUÉ NOS SENTIMOS DESALENTADOS? Ante los desafíos de la vida, el desaliento es la reacción más común. El desaliento es universal; todos lo hemos experimentado; pero puede volver a surgir y debemos vencerlo de nuevo. Evitemos a los que consienten en ser negativos y en insensibilidad, pues el desaliento es contagioso; es impredecible, ya que no sabemos cuándo atacará. Sin embargo, es temporal; pronto pasará si reaccionamos debidamente. Con frecuencia muchos confunden el desaliento con la decepción, pero se trata de dos cosas distintas. La decepción es inevitable: si nuestras expectativas no se cumplen, nos decepcionamos de personas, eventos y circunstancias. En cambio, el desaliento, la sensación de desesperación y desánimo, es por decisión propia: podemos decidir sentirnos mal o proponernos confrontar nuestros sentimientos y superarlos.

CONSECUENCIAS DEL DESALIENTO
Divide nuestra atención. Si estamos desalentados no podremos actuar de todo corazón. Por ejemplo, si nuestro matrimonio no marcha bien, o si estamos en problemas por dinero, no podremos desempeñar nuestras labores debidamente ni cumplir con otras obligaciones.
Pérdida de confianza. Esta es devastadora. Nos sentimos inseguros pues el desaliento afecta todo lo demás en nuestra vida cotidiana y comenzamos a buscar culpables y a contrariarnos si las cosas no nos salen como deseamos.
Espíritu negativo. Al quejarnos optamos por desanimarnos (Pr 15:4) “La lengua apacible es árbol de vida; Mas la perversidad de ella es quebrantamiento de espíritu”. Y meternos en líos por lo que volvemos a resucitar el pasado, lo que puede llevarnos a la ansiedad. ¡Cuidado! porque esa es una excusa aunque sepamos que no seremos felices ni tendremos paz.
Decisiones insensatas. El desaliento altera nuestra capacidad para emitir juicios que resultan muy costosos. Primero examinemos nuestros sentimientos para tomar decisiones agradables a Dios.
Nos aleja de Jehová Dios. Si nos dejamos llevar por nuestras conclusiones, satanás nos hará dudar de las promesas de Dios y logrará alejarnos de nuestra relación con Él. Esto será desastroso, pero ¡hay remedio! El consejo de Elifaz a Job es contundente: (Job 22:21) “Vuelve ahora en amistad con Él, y tendrás paz; y por ello te vendrá bien”.

Examinaremos algunos ejemplos bíblicos para entender el desánimo mejor y ver como remediarlo pero también y lo más importante ser ministrados por el Espíritu Santo, porque al escudriñar las Escrituras que fueron inspiradas, entonces el Espíritu Santo, respaldará esta ministración para que tengamos un buen equilibrio en nuestras vidas en Cristo.
En este capítulo, (Números 11:1-15) veremos el desaliento de Moisés, por las quejas y la murmuración del pueblo de Israel, que desagradaron a Jehová Dios. Los hijos de Israel, ahora, parten del monte Sinaí. Los capítulos 11 y 12 de Números, cuentan su marcha desde Sinaí hasta Cades. Esta marcha por el desierto debía haber durado sólo unos pocos días, para luego haber entrado en la tierra prometida. Pero, en lugar de esto, su viaje por el desierto se prolongó por muchos años. Veremos en este capítulo, que cuando se presentaron los problemas, el pueblo comenzó a murmurar. Este asunto fue extremadamente grave y tiene algunas lecciones muy importantes para nosotros. Leamos pues, el primer versículo del capítulo 11 de Números: "1 Aconteció que el pueblo se quejó a oídos de Jehová; y lo oyó Jehová, y ardió su ira, y se encendió en ellos fuego de Jehová, y consumió uno de los extremos del campamento".

Cada vez que el pueblo se quejaba, la gloria de Jehová Dios aparecía. A Jehová Dios le desagradaron mucho sus murmuraciones y quejas. Y creemos que Jehová Dios está igualmente disgustado hoy, con muchos de los creyentes que siempre critican y se quejan de algo. Son aquellos que todo lo ven mal, que siempre encuentran defectos en los demás, y no hay nada que les agrade. Pero Jehová Dios no quiere que sea así, hermanos. Jehová Dios quiere que ustedes sean cristianos que disfruten de la vida, caracterizado por una actitud humilde y positiva. Continuemos leyendo los versículos 2 y 3: "2 Entonces el pueblo clamó a Moisés, y Moisés oró a Jehová, y el fuego se extinguió. 3 Y llamó a aquel lugar Tabera, porque el fuego de Jehová se encendió en ellos".

La actitud de rebeldía provocó la ira del Señor, que consumió los alrededores del campamento. Ahora, ¿qué es lo que había detrás de todas estas quejas? ¿Quiénes eran los perturbadores? Podemos localizarlos aquí y también nos es posible identificarlos en la actualidad. Leamos el versículo 4: "4 Y la gente extranjera que se mezcló con ellos tuvo un vivo deseo, y los hijos de Israel también volvieron a llorar y dijeron: ¡Quién nos diera a comer carne!"

Ahora, ¿quiénes fueron los que comenzaron esto? Pues, las personas de aquel grupo de extranjeros que no estaban seguros de su identidad y que no se integraban en una de las tribus. Siempre manifestaron una actitud de permanente indecisión sobre si debían avanzar en el viaje o regresar a Egipto. Provenían de matrimonios mixtos, o matrimonios de distintas razas, en los que uno de los padres era de Egipto y residía allí y el otro, era israelita. Sus sentimientos estaban divididos: por una parte se sentían egipcios y les agradaba Egipto, y por otra, se sentían israelitas y les atraía participar de la marcha por el desierto. No eran lo suficientemente egipcios, como para querer permanecer en Egipto, ni lo suficientemente israelitas, como para querer salir en la marcha por el desierto, participando de las incomodidades y dificultades que ello implicaba.

En los tiempos actuales, hay también personas que profesan ser cristianas, caracterizadas por este tipo de actitud y falta de identidad. Por una parte, sienten la necesidad de tener contacto con otros cristianos y suelen acudir a la iglesia. Quieren aparecer como personas que viven de acuerdo con los principios éticos del cristianismo. Disfrutan de un buen sermón. Pero por otra parte y durante el resto del tiempo, pretenden adaptarse a los valores seculares del mundo. Son como las personas de aquel grupo de extranjeros. En el fondo de su corazón predomina una actitud de indecisión permanente. No están muy seguros a quien pertenecen... No están seguros de su salvación, y por lo tanto, no saben cuál es su identidad.
Generalmente, esas personas causan conflictos y perturban la convivencia. En realidad, aunque manifiesten su deseo de acompañar a la iglesia en su peregrinaje por el mundo, y disfrutan de las celebraciones y fiestas del pueblo de Dios, no les agrada ya tanto el estudio de la Biblia. Es decir, que en la marcha por el desierto, no quieren viajar muy cerca del arca, símbolo de la presencia de Dios. Su inseguridad sobre lo que creen las impulsa a quedarse atrás, porque su deseo de no dejar completamente los valores y principios del mundo les hace mirar frecuentemente hacia atrás.
En consecuencia, no disfrutan de las satisfacciones que traen las bendiciones de Dios y se sienten constantemente incómodos, tanto en la comunidad cristiana, como en el mundo. Eran como la mujer de Lot, que al alejarse de la ciudad de Sodoma, por razones familiares, no pudo evitar el mirar atrás con nostalgia al lugar donde quedaba su corazón.
Continuemos leyendo, en los versículos 5 y 6 de este capítulo 11 de Números, las quejas de aquella gente: " 5 Nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos; 6 y ahora nuestra alma se seca; pues nada sino este maná ven nuestros ojos".
Escuchen lo que dicen que les faltaba. Puras añoranzas que seguramente de lo que veían comer a los Egipcios o que ellos mismos miraban al servir como esclavos las mesas de ellos tal como lo dicen al final del versículo seis miraban y comían sus sobras, así como muchos que viven de pretenciones. 

Lo lamentable fue que los hijos de Israel también se contagiaron pronto con este espíritu de queja, y por lo tanto, empezaron a llorar junto con aquellas personas. Esta era como una enfermedad contagiosa que se propagaba por todo el campamento. Y antes de mucho, todos comenzaron a llorar acordándose de Egipto. Y para el colmo, vemos en el versículo 6 que comienzan a quejarse del maná. Tienen maná para comer, y éste es provisto de una manera milagrosa todos los días, sin embargo, no les gusta. Bueno, sigamos leyendo y veamos lo que dicen los versículos 7 al 9: “7 Y era el maná como semilla de culantro, y su color como color de bedelio. 8 El pueblo se esparcía y lo recogía, y lo molía en molinos o lo majaba en morteros, y lo cocía en caldera o hacía de él tortas; su sabor era como sabor de aceite nuevo. 9 Y cuando descendía el rocío sobre el campamento de noche, el maná descendía sobre él”.

El Espíritu de Dios nos explica aquí, por segunda vez, lo que era el maná. No era una comida monótona, sino una fuente milagrosa de buena salud. El hecho es que cuando lleguemos al libro de Deuteronomio, observaremos que allí se dice que, al continuar su viaje por el desierto, sus pies no se hinchaban. Ese maná contenía todas las vitaminas que necesitaban. Era el alimento de Dios. Aquel maná que descendía del cielo les daba una alimentación completa y les infundía fortaleza. Y es una figura del Señor Jesucristo, y de la Palabra de Dios que revela a Jesucristo, quien también descendió del cielo y es todo el alimento que nuestra alma necesita.

El Espíritu de Dios, está diciendo aquí, que este era un alimento adecuado, una comida maravillosa y nos está enseñando que los hijos de Israel, despreciaron esta comida. Para nosotros lo significativo es que ese maná habla de Jesucristo. ¿Cuál es pues, su opinión en cuanto a Jesucristo? ¿Se ha cansado usted de Jesucristo, alguna vez? Al grado de que tus propios parientes como tu cónyuge o tus hijos te dicen: ¡¡¡Ya siempre estás hablando de Jesucristo eres un religioso(a) eres un exagerado(a), no puedes hablar de otra cosa!!!
Algunos que oficialmente son cristianos, se cansan del maná. Muchos son los que se cansan del estudio bíblico. Y esta actitud de desprecio ante la Sana doctrina de Cristo en la Biblia equivale a aquella conducta de los israelitas en el desierto, de rechazar el maná y hace que muchos se alejen de la Palabra de Dios, para recurrir a otras fuentes de alimentación espiritual ajenas al maná celestial. Dios nos ha dado Su Palabra y debemos alimentarnos de ella. El tratar de nutrirse en otro lugar o de otra manera, es rechazar el maná que Dios nos ha dado. Veamos ahora,

Después de esto, hasta Moisés sintió el cansancio de tener que soportar a esta gente. Y tenemos que confesar, que simpatizamos con él. Leamos pues los versículos 10 al 15, de este capítulo 11 de Números: “10 Y oyó Moisés al pueblo,  que lloraba por sus familias, cada uno a la puerta de su tienda; y la ira de Jehová se encendió en gran manera; también le pareció mal a Moisés. 11 Y dijo Moisés a Jehová: ¿Por qué has hecho mal a tu siervo? ¿Y por qué no he hallado gracia en tus ojos, que has puesto la carga de todo este pueblo sobre mí? 12 ¿Concebí yo a todo este pueblo? ¿Lo engendré yo, para que me digas: Llévalo en tu seno, como lleva la que cría al que mama, a la tierra de la cual juraste a sus padres? 13 ¿De dónde conseguiré yo carne para dar a todo este pueblo? Porque lloran a mí, diciendo: Danos carne que comamos. 14  No puedo yo solo soportar a todo este pueblo, que me es pesado en demasía. 15 Y si así lo haces tú conmigo, yo te ruego que me des muerte, si he hallado gracia en tus ojos; y que yo no vea mi mal”.

Moisés no era, en modo alguno, un hombre perfecto. Era simplemente un ser humano usado poderosamente por Jehová Dios. Dijo que prefería morirse, a tener que continuar conviviendo con esta multitud. Y creemos que estamos de acuerdo, ya que era muy difícil, soportar a este pueblo. Pero no nos dejemos contagiar nunca por ninguna actitud de rechazo a la Sana Doctrina de Cristo en la Palabra de Dios. Sino que esta Palabra, sea en el presente para ti una experiencia real. (Salmos 19:7-11) “7 La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo. 8 Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos. 9 El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; Los juicios de Jehová son verdad, todos justos. 10 Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; Y dulces más que miel, y que la que destila del panal. 11 Tu siervo es además amonestado con ellos; En guardarlos hay grande galardón”.

Veamos otro ejemplo de desaliento en Josué: EL INTERÉS DE JOSUÉ por la honra de Dios, más que por el destino de Israel, era el lenguaje del Espíritu de adopción. Le suplica a Dios. Lamenta la derrota, porque teme que denigre la sabiduría y el Poder de Dios, su bondad y fidelidad. ¿Jehová Dios, qué harás por tu gran Nombre? Que Dios sea glorificado en todo y, entonces recibamos toda su voluntad. (Josué 7:6-11) “6 Entonces Josué rompió sus vestidos, y se postró en tierra sobre su rostro delante del arca de Jehová hasta caer la tarde, él y los ancianos de Israel;  y echaron polvo sobre sus cabezas. 7 Y Josué dijo: ¡Ah, Señor Jehová! ¿Por qué hiciste pasar a este pueblo el Jordán, para entregarnos en las manos de los amorreos, para que nos destruyan? ¡Ojalá nos hubiéramos quedado al otro lado del Jordán! 8 ¡Ay, Señor! ¿Qué diré, ya que Israel ha vuelto la espalda delante de sus enemigos? 9 Porque los cananeos y todos los moradores de la tierra oirán, y nos rodearán, y borrarán nuestro nombre de sobre la tierra; y entonces, ¿qué harás tú a tú grande nombre? 10 Y Jehová dijo a Josué: Levántate; ¿por qué te postras así sobre tu rostro? 11 Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto que yo les mandé; y también han tomado del anatema, y hasta han hurtado, han mentido, y aun lo han guardado entre sus enseres”.
Otro ejemplo de desaliento, que veremos en la vida de Job: ESTANDO CANSADO DE LA VIDA JOB RESUELVE QUEJARSE, pero no acusa a Dios de injusticia. Aquí hay una oración pidiendo que él sea librado del aguijón de sus aflicciones, que es el pecado. Dios contiende con nosotros cuando nos aflige; cuando contiende con nosotros siempre hay una razón, siendo deseable conocer la razón para arrepentirnos y abandonar el pecado por el cual Dios contiende con nosotros. Pero cuando, como Job, hablamos con amargura de nuestra alma aumentamos la culpa y el sufrimiento. No abriguemos malos pensamientos contra Dios; de ahí en adelante veremos que no había causa para ellos. Job está seguro de que Dios no descubre las cosas ni las juzga como lo hacen los hombres; por tanto, piensa que es extraño que Dios lo siga afligiendo como si debiera tomarse tiempo para inquirir sobre su pecado. (Job 10:1-7) “1 Está mi alma hastiada de mi vida; Daré libre curso a mi queja, hablaré con amargura de mi alma. 2 Diré a Dios: No me condenes; Hazme entender por qué contiendes conmigo. 3 ¿Te parece bien que oprimas, que deseches la obra de tus manos, y que favorezcas los designios de los impíos? 4 ¿Tienes tú acaso ojos de carne? ¿Ves tú cómo ve el hombre? 5 ¿Son tus días como los días del hombre, o tus años como los tiempos humanos, 6 Para que inquieras mi iniquidad, y busques mi pecado, 7 Aunque tú sabes que no soy impío, y que no hay quien de tu mano me libre?”. El desaliento puede paralizarnos y dejarnos inmóviles ante las mejores oportunidades. El desaliento no les dejo ver que era Jesús quien caminaba con ellos. El desaliento no nos deja ver las buenas cosas que suceden a nuestro alrededor. El factor dominante que encontramos en la mayoría de estos textos es "la queja". Y podríamos decir que la queja es el primer síntoma del desaliento.

Otro ejemplo de desaliento, pero ahora de una manera muy diferente porque: DAVID MIRABA A JEHOVÁ DIOS COMO SU SUMO BIEN, y puso de manera coherente su corazón en Jehová Dios; echada al comienzo el ancla, es la manera de defenderse de la tempestad. El alma bajo la gracia encuentra satisfacción en los atrios de Jehová, pero si no  se encuentra ahí con Dios mismo se encuentra desalentada. Las almas vivas nunca pueden descansar en otra parte que no sea en la parecencia de Jehová Dios, un alma que depende de un Dios vivo. Comparecer ante Jehová Dios es el deseo del justo y es el terror del hipócrita. Nada es más penoso para el alma del creyente que lo que se concibe para quitarle su confianza en Jehová Dios. Para David No era el recuerdo de los placeres de estar con el rey Saúl, lo que afligía a David, sino el recuerdo de la entrada libre que tuviera a la casa de Jehová Dios, y su deleite de estar en su presencia.

Los que conversan mucho con su propio corazón, a menudo tendrán que reprenderlo. Nótese la cura de la tristeza. Cuando el alma reposa en sí misma se hunde; si se aferra del poder y la promesa de Dios, mantiene la cabeza por encima de las grandes olas. Y qué apoyo tenemos en los Hayes del presente, sino que tengamos consuelo en Él. Tenemos grandes causas para llorar por el pecado, pero la depresión procede de la incredulidad y de una voluntad rebelde; por tanto, debemos esforzarnos y orar en contra de ella. (Salmos 42:1-5) “1 Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. 2 Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios? 3 Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche, Mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios? 4 Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí; De cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios, entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta. 5 ¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío”.

Otro ejemplo de desaliento en el profeta JEREMÍAS QUE ENCONTRÓ MUCHO DESPRECIO Y REPROCHE cuando ellos debieron bendecirle a él y a Jehová Dios por él. Sostén grande y suficiente para el pueblo de Dios es que, por difícil que sea su camino, al final todo será bueno para ellos. Jehová Dios convierte al pueblo. ¿Será capaz el más duro y vigoroso de sus esfuerzos para contender con el consejo de Dios o con el ejército de los caldeos? Que escuchen su condena. El enemigo tratará bien al profeta. Pero la gente que tenía grandes patrimonios apenas será usada. Todas las partes del país habían sumado a la culpa nacional; y que cada una se avergüence de sí misma.

Para Jeremías siempre fue difícil predicar la Verdad (Jeremías 1:4-11;16-19) “4 Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: 5 Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones. 6 Y yo dije: ¡Ah! ¡Ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar,  porque soy niño. 7 Y me dijo Jehová: No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande. 8 No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová. 9 Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca, y me dijo Jehová: He aquí he puesto mis palabras en tu boca. 10 Mira que te he puesto en este día sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar. 11 La palabra de Jehová vino a mí, diciendo: ¿Qué ves tú, Jeremías? Y dije: Veo una vara de almendro. 16 Y a causa de toda su maldad, proferiré mis juicios contra los que me dejaron, e incensaron a dioses extraños, y la obra de sus manos adoraron. 17 Tú, pues, ciñe tus lomos, levántate, y háblales todo cuanto te mande; no temas delante de ellos, para que no te haga yo quebrantar delante de ellos. 18 Porque he aquí que yo te he puesto en este día como ciudad fortificada, como columna de hierro, y como muro de bronce contra toda esta tierra, contra los reyes de Judá, sus príncipes, sus sacerdotes, y el pueblo de la tierra. 19 Y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo,  dice Jehová, para librarte”.

(Jer 15:10-14) “10  ¡Ay de mí,  madre mía, que me engendraste hombre de contienda y hombre de discordia para toda la tierra! Nunca he dado ni tomado en préstamo, y todos me maldicen. 11 ¡Sea así, oh Jehová,  si no te he rogado por su bien, si no he suplicado ante ti en favor del enemigo en tiempo de aflicción y en época de angustia! 12 ¿Puede alguno quebrar el hierro, el hierro del norte y el bronce? 13 Tus riquezas y tus tesoros entregaré a la rapiña sin ningún precio, por todos tus pecados, y en todo tu territorio. 14 Y te haré servir a tus enemigos en tierra que no conoces;  porque fuego se ha encendido en mi furor, y arderá sobre vosotros”.

DESALIENTO, DESANIMO Y CANSANCIO. Estos son los sentimientos que un Servidor tiene que sufrir de tiempo en tiempo. Sólo Jehová Dios sabe las veces que nos encontramos a nosotros mismos diciéndonos: “Estoy cansado, aburrido, agotado” Creo que no voy a continuar más como Servidor”. Y sólo Jehová Dios sabe, cuántos servidores capaces, fortalecidos por Dios con el Espíritu Santo, cuando experimentamos que nos quemamos, y que sentimos que somos incapaces de continuar y dejar los puestos de Servidores. Esto no es algo raro. Echemos una mirada a lo que está escrito en la Palabra de Dios. Allí encontraremos personas excepcionales, incluso el mismo Jesús, que pasaron por duras crisis en su responsabilidad como Servidores. Jesús frente a la falta de fe de sus discípulos. (Mat 17:17) “Respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo acá”.
Si de vez en cuando experimentas que tienes deseos de rendirte y dejar de servir en tu ministerio, no estás solo. El desaliento tiene muchas raíces. Puedes sentirte solo, abrumado; tus esfuerzos no son apreciados y no ves el fruto de esos esfuerzos. Puedo incluso, que seas injustamente criticado. Y te encuentras diciéndote a tí mismo, ¿para qué seguir con tantísimos problemas? ¿Cómo deberíamos reaccionar los Servidores ante el desaliento? Mantén tus ojos fijos en la meta de la carrera: Durante la carrera, todos los que participan, experimentan un cierto cansancio y miedo de que él o ella, como Servidores, no tengan suficiente energía para llegar. Pero el objetivo final y la visión del mismo, les fortalecerá para continuar corriendo hasta la meta. El hecho de que Dios mismos nos haya prometido que lo que hagamos por El, va a dar su fruto, a su debido tiempo, nos llena de valor para continuar nuestro trabajo como Servidores de los hermanos.

DESANIMADO, SIN FUERZAS Y SIN DESEOS DE SEGUIR ADELANTE
(Jeremías 20:7-18)
El desánimo, es una de las herramientas que más resultado le ha dado a Satanás, grandes hombres de fe, no han escapado a este ataque, cayendo en un estado de desánimo, que los llevo a desear la muerte. Moisés le pidió a Dios que le quitara la vida, Elías deseaba la muerte al sentirse amenazado  por Jezabel. El desaliento en cualquier momento puede hacernos una visita, tal como se la hizo a Jeremías, ¿Cómo vamos a reaccionar?, ¿Qué aprendemos de la experiencia de Jeremías?

APRENDEMOS A DESCUBRIR EL ORIGEN DEL DESALIENTO
(Jeremías 20:7) “Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí”.
   1. Dios llama a Jeremías  a un ministerio (Jeremías 1:4-5)
   2. Jeremías pone resistencia ante el llamado de Dios (Jeremías 1:6-7)
(Jeremías 20:8) “Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y destrucción; porque la palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escarnio cada día”.
   1. responsabiliza a Dios, de su estado y por la palabra (Jeremías 1:10)
   2. Su propia gente lo rechaza y se burlan de el
   3. El desaliento tiene su origen en el cumplimiento de la obra de Dios

APRENDEMOS A DESCUBRIR QUE EL DESALIENTO ES UN MAL CONSEJERO
(Jeremías 20:9) “Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude”.
   1. Para que hablas de bendición, si tú no eres bendecido
   2. El desaliento es parecido a la mujer de Job “Maldice a Dios y muérete”
   3. Jeremías llego a este punto, al ver que su ministerio no tenía resultado
   4. El desaliento tiene la misión de hacer morir a Dios en nuestra vida
El desaliento nos aconseja a no servir más a Dios (v.9b)
   1. Jeremías tomo dos dediciones: olvidarse de Dios y no hablar más de él
   2. Muchos invadidos por el desánimo, han desistido servir d Dios
   3. Cuando perdemos el enfoque de quien es Nuestro Dios, renunciamos a sus bendiciones

DESCUBRIMOS QUE EL DESALIENTO NOS LLEVA A UNA REACCIÓN EQUIVOCADA
(Jeremías 20:14-15) “14 Maldito el día en que nací; el día en que mi madre me dio a luz no sea bendito. 15 Maldito el hombre que dio nuevas a mi padre, diciendo: Hijo varón te ha nacido,  haciéndole alegrarse así mucho”.
    1.  Jeremías ha perdido el control: pensamientos de victoria, pero luego de derrota
    2.  Maldice el día en que nació, está atrapado en sus propias contradicciones
    3. Dios tiene sus propios propósitos
(Jeremías 20:17,18) “17 porque no me mató en el vientre, y mi madre me hubiera sido mi sepulcro, y su vientre embarazado para siempre. 18 ¿Para qué salí del vientre? ¿Para ver trabajo y dolor, y que mis días se gastasen en afrenta?”.
   1. En su queja contra Dios, le habla de su madre
   2. El desánimo puede llevarnos a decir y hacer locuras

DESCRUBRIMOS EL REMEDIO PARA CURAR EL DESANIMO
(Jeremías 20:9) “Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude”.
   1. La palabra que mora en nosotros, nos ayudara a descubrir el fuego del Espíritu Santo
   2. El desánimo desaparece cuando descubrimos quien es el que está en nosotros
   3. No permita que el desaliento venza sus ánimos
(Jeremías 20:11) “Más Jehová está conmigo como poderoso gigante; por tanto, los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán; serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; tendrán perpetua confusión que jamás será olvidada”.
   1.  Es el mismo que ahora está en nosotros y con el venceremos (Salmos 18:28-30) “28 Tú encenderás mi lámpara; Jehová mi Dios alumbrará mis tinieblas. 29 Contigo desbarataré ejércitos, y con mi Dios asaltaré muros. 30 En cuanto a Dios, perfecto es su camino, y acrisolada la palabra de Jehová; Escudo es a todos los que en él esperan”.
   2.  Desanimado y sin fuerzas para seguir adelante, Dios está de tu lado (Salmos 27:3) “Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; Aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado”.

CONCLUSIÓN
Humanamente, Jeremías tuvo razones para sentirse desanimado (Jeremías 20:2) “Y azotó Pasur al profeta Jeremías, y lo puso en el cepo que estaba en la puerta superior de Benjamín, la cual conducía a la casa de Jehová”; los propósitos de Dios eran diferentes para Jeremías, (Jeremías 29:11) Las circunstancias no deben dictar sus emociones, para vencer el desaliento, es necesario dejarnos vencer de Dios “Me sedujiste, y fui seducido; mas fuerte fuiste que yo y me venciste”.

PREDICADOR DE LA SANA DOCTRINA DE CRISTO: Pastor Víctor R. Preciado Balderrama; Hola hermanos les saludo con mucho amor en el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo, y con un solo propósito de que sean edificados sus vidas y sus ministerios, me gozo el saludarles y el que Dios me dé la oportunidad de servirles si me lo permiten, y con todo respeto a su doctrina o denominación, mi único interés es que corra la Sana Doctrina de Cristo.
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