martes, 27 de mayo de 2014

LA SANA DOCTRINA DE CRISTO MOLDEA TU CARÁCTER, AL CARÁCTER DE JESUCRISTO

LA SANA DOCTRINA DE CRISTO MOLDEA TU CARÁCTER, AL CARÁCTER DE JESUCRISTO

INTRODUCCIÓN
(2Pe 1:2-4;8-11)2 Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús. 3 Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, 4 por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia; 8 Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. 9 Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. 10 Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás.
11 Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo”.

Dios tiene un plan para con nosotros. Ese plan incluye que seamos parte su pueblo. Es el deseo de Dios es que seamos miembros de su familia. Quiere que formemos parte de su gente. Un pueblo muy especial, escogido, apartado, con bendiciones muy especiales para sus miembros. Bien. Una vez que ya hemos creído en Cristo y nos hemos unido a su familia, Dios espera más de nosotros. (1Jn 2:17) “Y el mundo pasa, y sus deseos;  pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”. Dios desea que cada creyente entienda correctamente la Sana Doctrina de Cristo para que pueda ser formado el carácter de Jesucristo en cada cristiano. (Santiago 5:10) “Hermanos míos, tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor”.

Dios al enviar a su Hijo Jesucristo a enseñarnos la Sana Doctrina quiere que lo imitemos, porque Jesús nos ha dejado todo por ejemplo para que vayamos siendo transformados y pareciéndonos más a Cristo; quiere que adonde vayamos reflejemos su gloria, llevemos su aroma, mostremos en todos lados la alabanza que corresponde a su gloria.
(1Pe 2:21-25) “21 Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; 22 el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; 23 quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; 24 quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero,  para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados. 25 Porque vosotros erais como ovejas descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas”.

La Sana Doctrina de Cristo y por medio del apóstol Pedro nos dice estas palabras: (1Pe 1:13-15) “13 Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado; 14 como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; 15 sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; 16 porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo”. Seamos santos en toda nuestra manera de vivir.

Una vez que han creído en Jesús como su salvador, las personas aún sienten atracción por sus costumbres, gustos y deseos pasados. Sin embargo, al ser una nueva creación, nuestra mirada debe estar puesta en nuestro Padre Celestial, que nos ha dado una nueva naturaleza, una nueva vida, nos ha dado poder para ser diferentes. Una de las funciones del Espíritu Santo es formar el Carácter de Cristo en nuestras vidas.
La Sana Doctrina de Cristo nos enseña a través del apóstol Pablo y nos manda a no ser conformados por los deseos de este mundo, sino a ser transformados mediante la renovación de nuestra mente, y esto a través de la Sana Doctrina en la Palabra de Dios. En una ocasión dijo: ya no vivo yo; Cristo vive en mí. Es nuestro deber crecer en semejanza a Cristo, nuestro modelo de conducta y carácter. Veamos algunas maneras en que podemos imitar a Cristo en lo que hizo mientras estuvo aquí en la Tierra en carne. En primer lugar, debemos imitar el Carácter de Jesucristo.

EN MEDIO DEL SUFRIMIENTO. (1 Pedro 2:21-23) “21 Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; 22 el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; 23 quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente; 24 quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados”.

Hay muchas causas del sufrimiento. Sin embargo, hay dos razones básicas: justas e injustas. Sufrimos justamente cuando se trata de alguna consecuencia de nuestro pecado, cuando es el resultado de alguna necedad o simplemente cuando se trata de los efectos de vivir en un mundo imperfecto y lejos del temor de Dios.
En la Sana Doctrina de Cristo a través del apóstol Pedro no se refiere a ninguna de estas circunstancias. Pedro se refiere a sufrir como resultado de hacer el bien. El sufrimiento que tiene en mente se trata de uno que tiene como causa alguna injusticia. El V- 22 dice claramente que Cristo no cometió pecado; sin embargo, él escogió sufrir para que nosotros pudiéramos ser libres.

En la época de Pedro, muchos cristianos eran servidumbre, siervos o empleados; Pedro los anima a que estén sujetos a los amos sin importar si su carácter los hacen merecedores de su obediencia. Tal vez tengan Ustedes un patrón o un jefe irracional o difícil de complacer. Este pasaje es para ti, tu actitud debe ser de confianza de que Dios sabe lo que hace al permitir que esta persona esté por encima de ti en autoridad. La actitud correcta es confiar en que hay un juez justo que en su tiempo mostrará la justicia de cada ser humano.

Cuando seguimos el ejemplo de Cristo y vivimos para los demás, también podemos llegar a sufrir. Nuestra meta debe ser afrontar el sufrimiento como Cristo: con paciencia, calma y confianza de que Dios tiene el dominio del futuro. UNA TRAGEDIA ES COMO METERSE EN AGUA HIRVIENDO. Si tu Heres como el huevo, la aflicción te hará duro e insensible. Pero si tú eres como una papa, entonces tú saldrás suave y dócil, maleable y adaptable. Tal vez se oiga chistoso, pero debemos pedirle a Dios que seamos una papa.




En medio de una sociedad corrompida por deseos de venganza, odio, resentimiento y rebelión a las autoridades, debemos estar dispuestos a sufrir por el bien mayor de los demás. Al igual que los resultados que Cristo logró en nuestras vidas al salvarnos, Dios también puede obrar mayores beneficios en las vidas de otras personas si nosotros decidimos seguir el ejemplo de Cristo en el sufrimiento. Y podemos preguntarnos ¿Por qué sufren los justos? A lo que podemos responder es: ¿Y por qué no? Ellos son las únicas personas que pueden resistir. Otra área en la que podemos imitar a Cristo es:

EN EL SERVICIO Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros, porque ejemplo os he dado para que, como yo os he hecho, vosotros también hagáis. (Juan 13:12-15) “12 Así que,  después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? 13 Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. 14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. 15 Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. 16 De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. 17 Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis”.

Era la última noche que Jesús pasaría con sus discípulos antes de ir al Calvario a morir por ellos cuando hizo algo que los dejó a todos con la boca abierta: lavarles los pies sucios y llenos de polvo. Lavar los pies de los invitados era una tarea que era realizada por un sirviente, no por el anfitrión. Lo hacía el esclavo, no el dueño de la casa. Y no era cualquier sirviente, sino el de menor rango. Con razón Pedro se sorprendió hasta el punto de indignarse y resistirse a que Jesús le lavara sus pies. (Juan 13:5-10) “5  Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. 6 Entonces vino a Simón Pedro; y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies? 7 Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después. 8 Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo. 9 Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza. 10 Jesús le dijo: El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio; y vosotros limpios estáis, aunque no todos”.

Al igual que Pedro, muchos no hemos entendido la lección que Jesús enseñó a sus discípulos aquella noche de intimidad y hasta el día de hoy, muchos tienen la creencia que en la Iglesias debe de haber líderes en lugar de servidores; pero lo que deja Jesús muy en claro es que en el reino de los cielos es imposible dirigir sin estar dispuesto a servir. Es muy fácil y agradable servir a quienes consideramos que están por encima de nosotros, como nuestro jefe, el pastor, nuestros padres, alguna autoridad o simplemente alguna persona renombrada. Pero servir a quienes consideramos por debajo de nosotros como nuestros hijos, empleados, esposa y desde un pastor hacia la congregación; es un precio muy alto que pocos están dispuestos a pagar. (Mar 10:45)  “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”.

Esto nos deja una gran enseñanza: Si Dios, el rey del Universo hecho carne está dispuesto a servir, cuánto más nosotros -sus criaturas- debemos imitarlo sirviendo de

cualquier manera que glorifiquemos su Nombre. Lo menos que podemos hacer al respecto es lo mismo que está en el (Juan 13:16) “De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió”: no somos mayores que nuestro Señor; así que debemos ir más allá del reconocimiento de lo importante que es servir y demostrarlo con hechos.

Tal vez nos haga falta resaltar una frase que aparece escondida en el V-1 Allí dice que Jesús amó a sus discípulos hasta el fin. Los amó hasta en el último momento. Una posible traducción podría ser que los amó hasta lo sumo. Y eso es precisamente lo que Jesús demostró en estos últimos 4 capítulos del evangelio de Juan.
Piense ahora mismo: ¿A quién puedo servir hoy? ¿Quién necesita de mis capacidades, de mis posesiones, de mis palabras, de mi esfuerzo, de mi dinero? No pierda de vista que hay una bendición para todos aquellos que saben y hacen lo que Jesús demanda de nuestras vidas. Hemos visto que debemos ser modelos del carácter de Dios en el sufrimiento y en el servicio. Finalmente, podemos ser un modelo del carácter de Dios en

EN LA PACIFICACIÓN (Col. 3:13) “soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros”. ¡Qué palabras más pesadas a nuestros oídos... y mucho más para nuestra voluntad! Somos vulnerables a las ofensas de los demás hasta el punto de que andamos siempre a la defensiva para no ser atacados. Hemos sido condicionados a responder instantáneamente de la misma manera en que somos agredidos por quienes nos rodean. Vivimos en el nivel de devolver mal por mal. No queremos ser vistos como inferiores o débiles si no respondemos la ofensa. Queremos ser nosotros los que tengamos la última palabra.

Y si no podemos salir triunfadores porque nos topamos con alguien más terco que nosotros, entonces abrigamos los perversos sentimientos de odio, resentimiento y amargura, que como dice Santiago comienza como una peligrosa raíz, pero al final llegan a contaminar a muchos. Mucha gente hoy duerme y despierta con resentimiento y odio hacia ciertas personas que en algún momento de sus vidas los agredieron o hirieron. En sus corazones hay sentimientos de venganza y rencor, y en consecuencia no viven en gozo y paz completos.

Hubo alguien que tuvo todos los motivos para abrigar rencor, venganza y resentimiento, pero que se resistió a la idea de ser vencido por ellos. Tenía todo el poder a su alcance para despedazar a sus enemigos, pero que en lugar de eso decidió hacer lo impensable: perdonó. Jesús fue burlado, agredido, despreciado y traicionado mientras estuvo en la Tierra, pero en ningún momento dio muestras de ira hacia sus enemigos. En vez de agredir, él sanó; en vez de maldecir, él bendijo; en vez de atacar, se dejó atacar. Su misión fue de reconciliar al mundo con Dios, a pesar de que le tuvo que costar su misma vida.
Todo esto que se enseña en la Sana Doctrina de Cristo en la Biblia es muy conocido por todos nosotros. Pero, ¿Por qué nos cuesta tanto trabajo hacer lo mismo? La respuesta es simple: nos hemos olvidado de cuánto Dios nos perdonó. Dios nos perdonó y promete que nunca más se acordará de nuestras ofensas; es más dice que las ha echado en el fondo del mar. Cuando Ud. le vuelve a pedir perdón a Dios por un pecado que ya le ha confesado anteriormente, él se sorprende y pregunta: ¿De qué me hablas? ¿Cuál pecado?

¿Nos es difícil perdonar a alguien que se ha equivocado un poco, cuando comparado con Dios, él le ha perdonado a nosotros muchísimo? Entonces necesitamos meditar y reflexionar bastante en todo lo que significó la muerte para Cristo. Su perdón y amor infinitos seguramente le ayudará a amar y a perdonar a otros. No olvide: De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.

Conclusión
Lo que hizo Cristo es nuestro máximo ejemplo: son como las pisadas en las que debemos poner nuestros pies todos los días para caminar con seguridad. Si queremos ser luz del mundo, es necesario ser modelos del carácter de Dios, que nos ha sido revelado en su Hijo Cristo. Al vivir como Él traeremos gloria y nuestras vidas serán bendecidas ampliamente.

Predica expositiva por: Pastor Víctor Ramón Preciado Balderrama
Hola hermanos les saludo con mucho amor en el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo, y con un solo propósito de que sean edificados sus vidas y sus ministerios, me gozo el saludarles y el que Dios me dé la oportunidad de servirles si me lo permiten, y con todo respeto a su doctrina o denominación, mi único interés es que corra la Sana Doctrina de Cristo, estoy ofreciendo:
MATERIALES BÍBLICOS GRATIS (en formato Word)
Todo es completamente gratis, como escritor de estos materiales te voy a dar los originales para que tú le pongas el nombre de tu Iglesia o tu ministerio o le hagas las modificaciones que a ti te parezcan convenientes. Mi interés es que me des la oportunidad de servirles pues me queda muy claro que mi llamado no es de ser titular sino el de servir y que la Sana Doctrina de Cristo corra como un río poderoso arroyando toda basura de ignorancia.
http://viclaly5757.blogspot.com/?spref=fb 
viclaly5757.blogspot.com
Por favor si les interesan estos materiales escríbanme pidiéndomelos a cualquiera de los siguientes correos, y con mucho gusto y en el amor a Cristo se los enviaré inmediatamente sin cuestionar nada y que el Espíritu Santo los dirija y los lleve por buen camino, solo les pido en este mismo amor NO LO VENDAN: lo recibes de gracia dalo de gracia.
viclaly_57_57@yahoo.com
https://plus.google.com/u/0/communities/105936701821113953310


Publicar un comentario