martes, 27 de mayo de 2014

ANTES DE QUE LOS HOMBRES PUEDAN SER CONVERTIDOS DEBEN ESTAR CONVENCIDOS DE PECADO

ANTES DE QUE LOS HOMBRES PUEDAN SER CONVERTIDOS
DEBEN ESTAR CONVENCIDOS DE PECADO

Sabían que cualquier predicación que calma, conforta y agrada a los que nunca han sido llevados al temor de Dios, ni buscar Su misericordia, no es predicación que el Espíritu Santo de Dios posee y bendice. Muchísimos de los predicadores modernos, están fundamental mente equivocados. Porque no le dan el derecho legal al Espíritu Santo para que haga la obra de convencer de pecado y de humillar a los hombres en la presencia de Dios. (Juan 16:7-13) “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. 8 Y cuando Él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. 9 De pecado, por cuanto no creen en mí; 10 de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; 11 y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado. 12 Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. 13 Pero cuando venga el Espíritu de Verdad, Él os guiará a toda la Verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir”. La verdad es que la predicación poderosa evangelística, está en la Sana Doctrina de Cristo.

(Salmo 51:3) “Porque yo reconozco mis rebeliones, mi pecado está siempre delante de mi”. Cuando David estuvo en un estado convicto, su pecado estaba siempre delante de él. Aun había una manera de que sus pecados fuesen perdonados porque todavía estaba vivo en este mundo. Todavía le era posible ser perdonado. Nota que en este Salmo David confesó dos aspectos de su pecado.

Primero, David estaba convicto del pecado que había cometido. David dijo en el versículo 4: (Salmo 51:4) “Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; Para que seas reconocido justo en tu Palabra, y tenido por puro en tu juicio”. Él demostró que sentía culpa por los pecados que había cometido.
Segundo, en el versículo 5 David llegó hasta la raíz del asunto: (Salmo 51:5) “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre”. En la segunda parte de su confesión demuestra que sentía la culpa de su pecado heredado, el cual le había pasado Adán, su primer padre. David se sintió impío e inmundo por el pecado a través de la herencia con el que había nacido.

Los predicadores como Jesucristo y sus apóstoles en particular, apuntaban a los pecadores en sus predicaciones hasta que ellos admitían sus pecados y se arrepentían. Jesucristo y sus apóstoles punzaban sus conciencias respecto a la naturaleza pecaminosa heredada, el estado natural de pecado en el que nacieron, y en el cual habían vivido toda su vida.
La Sana Doctrina de Cristo, dice a menudo que el hombre que no siente terror por su naturaleza pecaminosa heredada no puede tener una verdadera conversión en Cristo.
La Sana Doctrina de Cristo, pone tanto énfasis en este punto de tal modo que el pueblo de Dios cuando nos congregamos a escuchar la Palabra vienen bajo la convicción profunda de que somos culpables en Adán, que somos corruptibles porque somos carne y siempre estamos en una constante lucha y desafiantes hacia Dios. (Galatas 5:17) “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis”.


Éramos tan corruptos y desafiantes por naturaleza, por nacimiento, que si no cometíamos un solo pecado físico, aun éramos condenados al Infierno, porque nuestra naturalezas mismas que eran pecaminosas. (Efesios 2:1-7) “1 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3  entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. 4 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, 5 aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), 6 y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, 7 para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús”.

¿Has sentido tú alguna vez algo de esto? ¿Has sentido alguna vez que tu mismo ser interno está arruinado, rebelde y pecaminoso ante los ojos que Dios que lo ven todo? ¿Has sentido alguna vez que fuiste formado en iniquidad, y que naciste en pecado?
Muchos piensan y dicen que tienen el Espíritu Santo, pero para estar seguros de que así es, entonces tiene que haber un resultado del convencimiento del Espíritu Santo y debe avergonzarte profundamente y hacerte culpable de los pecados que has cometido. Además, la obra de convencer del Espíritu Santo debe hacerte consiente de que por naturaleza eres pecador, de nacimiento, que tienes una reacción pecaminosa inherente a través de la vida hacia Dios, haciendo imposible complacerlo en la carne, porque eres un pecador por la naturaleza heredada: (Romanos 8:5-14) “5 Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. 6 Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. 7 Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; 8 y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. 9 Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. 10 Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, más el espíritu vive a causa de la justicia. 11 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros,  el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. 12 Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; 13 porque si vivís conforme a la carne, moriréis; más si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. 14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios”.

Cuando una persona se ve a sí misma de este modo, esclavizada por el pecado innato, privada de bondad natural por su propio ser maldecido por el pecado, él clamará a Dios:
(Salmo 51:3) “Porque yo reconozco mis rebeliones, mi pecado está siempre delante de mi”. Los pecados personales que ha cometido también lo cargarán con una terrible carga de culpa por sus pecados, y será cargado y aplastado por su innata naturaleza pecaminosa inherente, que lo han doblegado y arruinado de modo que no se puede escapar del pecado dentro de su propio corazón y mente.

Entonces él dirá: “Mi pecado está siempre delante de mí” (Salmo 51:3).
La primera obra del Espíritu Santo es reprobar y convencerte así. Respecto a la obra del Espíritu Santo, Jesús dijo: (Juan 16:8) “Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio”. Es absolutamente cierto que esta obra del Espíritu tiene que ocurrir dentro de ti para que seas convertido. Tienes que ser reprobado interiormente, convencido por Dios de que eres un pecador por naturaleza así como también por tus acciones. Bajo esta obra del Espíritu Santo empezarás a sentir lo que David sintió cuando dijo: “Mi pecado está siempre delante de mí” (Salmo 51:3).

Si tú deseas ser verdaderamente convertido, tienes que permanecer en ese pensamiento, más o menos, hasta que halles alivio en Cristo Jesús. Tienes que cuidarte de no apagar al Espíritu Santo (1 Tesalonicenses 5:14-23) “14 También os rogamos,  hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos. 15 Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos. 16 Estad siempre gozosos. 17 Orad sin cesar. 18 Dad gracias en todo,  porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. 19 No apaguéis al Espíritu. 20 No menospreciéis las profecías. 21 Examinadlo todo; retened lo bueno. 22 Absteneos de toda especie de mal. 23 Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”.
Si el Espíritu Santo enciende la llama de convicción en tu corazón, debes tener mucho cuidado de no apagarla.

(Efesios 4:22-31) “22 En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, 23 y renovaos en el espíritu de vuestra mente, 24 y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad. 25 Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. 26 Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo, 27 ni deis lugar al diablo. 28 El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. 29 Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. 30 Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. 31 Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia”.
Tú sí puedes apagar al Espíritu al excusarte por tu pecado. Tú puedes culpar a alguien más. Te puedes comparar con alguien más, y pensar “yo no soy peor que él”. Eso apaga la llama, y apaga el fuego de la convicción en tu corazón.

Tú puedes descuidarte de aplicar las predicaciones a ti mismo, y pensar: “Está bien que ellos escuchen, pero yo no necesito prestar atención”. Esto también apaga el fuego de la convicción y te lleva más lejos de la verdadera salvación en Cristo. Tú puedes tener el sentimiento de convicción, pero lo sacas de tu mente a propósito al pensar sobre algo más placentero cuando acaba el servicio. Así, cuando llega la siguiente predicación no has ganado nada. Los sentimientos de culpa que tuviste en la última predicación han sido apagados, y se han apagado el fuego en tu corazón.




(Lucas 8:12-15) “12 Y los de junto al camino son los que oyen, y luego viene el diablo y quita de su corazón la palabra, para que no crean y se salven. 13 Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; pero éstos no tienen raíces; creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan. 14 La que cayó entre espinos, éstos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan fruto. 15 Mas la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia”.

Tú debes tener mucho cuidado o esto te sucederá. El Diablo está siempre listo para quitar de tu corazón las palabras de convicción de la última predicación. Si cada predicación se toma como unidad separada, será más fácil para satanás “quitar la palabra” de tu corazón.

Cada predicación debe convencerte más y más de que eres pecador, un hijo Adán, de que estás “bajo pecado” (Romanos 3:9) “¿Qué, pues? Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado”, y de que en verdad has cometido muchos pecados ante los ojos y el conocimiento de Dios. Y en cada predicación debe llevarte más y más profundamente a estar consiente de tu pecado, hasta que puedas decir como David: “Mi pecado está siempre delante de mí” (Salmo 51:3).

Cada conversión es diferente porque cada ser humano tiene una distinta personalidad. No todos somos exactamente iguales. Algunos, como mi esposa, pueden ser convertidos rápidamente después de un corto período de convicción, quizá solo unos cuantos minutos.

Otros, como yo que seguí en un estado convicto por mucho tiempo. Pasé muchos años bajo un estado pesado de convicción, casi enloquecedor, hasta que hallé alivio en Jesús.
También el grado de convicción puede variar. Algunos, como algunas personas que todavía no se convencen, porque no le dan el derecho legal al Espíritu Santo en sus vidas, pasan un largo período de lo que hoy llaman “depresión” y esto no existe en la Palabra de Dios solo alivia la ansiedad.
Por supuesto que no es realmente “depresión” o ansiedad. En realidad es la convicción del Espíritu Santo de Dios. Este tipo de persona no pode salir de este estado convicto hasta que se volva a Jesucristo para justificación y limpieza.

¿Quién puede poner en duda que Nicodemo atravesó por esa batalla interna por varios meses? Él vino de noche a hablar con Cristo, probablemente por miedo de que otros lo vieran ir. Él admitió que Jesús era un gran “maestro que viene de Dios”.
(Juan 3:1,2) “1 Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. 2 Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él”.
Pero Jesús señaló: (Juan 3:6,7) “6 Lo que es nacido de la carne, carne es;  y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. 7 No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo”. No hay ninguna evidencia de que fue convertido esa noche. Pero es obvio que las palabras que Cristo le habló le mordían el corazón.


Según las cuentas, Nicodemo todavía batallaba con la cuestión de su salvación aproximadamente dos años después. En 30 D.C. Cristo le dijo: “Os es necesario nacer de nuevo”. Pero él se fue pensando sobre ello. Dos años después en 32 D.C. él defendió abiertamente a Cristo por primera vez. Nicodemo le habló a los fariseos esa vez. (Juan 7:50,51) “Les dijo Nicodemo, el que vino a él de noche, el cual era uno de ellos: ¿Juzga acaso nuestra ley a un hombre si primero no le oye, y sabe lo que ha hecho?”.

Los fariseos lo criticaron insinuando que era seguidor de Jesús. Pero Nicodemo guardaba silencio cuando le dijeron eso. Él todavía no había tomado una posición abierta por Cristo. Todavía estaba perdido, batallando con la convicción y los pensamientos sobre Cristo. Esto se hace obvio al leer (Juan 3:1-15) y (Juan 7:40-53).
Luego vemos a Nicodemo un año después (33 D.C.) llevando mirra y ungüentos para la sepultura del cuerpo muerto de Jesús (Juan 19:39) “También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras”.
Es obvio que todavía no estaba salvo porque esta acción demuestra que no tenía fe en la promesa de Cristo, que Él resucitaría de los muertos. Pero muestra que le tenía un gran cariño a Cristo, y que había estado pensando en Cristo y en su necesidad de salvación por como tres años.

Tal vez hay alguien aquí esta noche que esté batallado de un lado al otro respecto a la salvación por largo tiempo, tal vez todavía no has sido convencido de tu necesidad de una verdadera conversión, tal vez te resistes a la obra completa del Espíritu Santo de Dios para despertarte a tu pecado, ¿Dejarás que el Espíritu Santo de Dios te arrastre esta noche y te lleve cara a cara con la terrible verdad de que no estás salvo, de que has resistido a Jesús, de que eres un pecador con una profunda necesidad del Salvador?

Un carcelero en Filipense solamente oyó unos cuantos himnos y oraciones de Pablo y Silas, encadenados en la prisión. Pero esos poco himnos y oraciones le dieron tal convicción por dentro que cuando llegó el terremoto: (Hechos 16:25-31) “25 Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios; y los presos los oían. 26  Entonces sobrevino de repente un gran terremoto,  de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron. 27 Despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel,  sacó la espada y se iba a matar, pensando que los presos habían huido. 28 Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí. 29 El entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando,  se postró a los pies de Pablo y de Silas; 30 y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? 31 Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”.
Aunque en el caso del carcelero la convicción duró solo unos cuantos minutos, fue profunda e intensa.

Ya sea que la convicción que tienes dure corto o largo tiempo, ya sea profunda o una breve punzada al corazón, como la sintieron los hombres en Pentecostés (Hechos 2:37,38) “37 Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? 38 Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados;  y recibiréis el don del Espíritu Santo”.

Es vitalmente necesario que seas profundamente convencido de pecado o no verás el valor de la muerte de Jesús para pagar por tus pecados en la Cruz, y no verás el valor de Su Sangre para limpiarte del pecado.

Y ahora, un pensamiento final. (2Corintios 6:2) “Porque dice: En tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación”. Ahora es el tiempo aceptable para que los pecadores de conciencia herida vengan a Jesucristo para el perdón y la limpieza del pecado.

Tú tienes que experimentar la convicción y la conversión ahora, o tendrás una conciencia atormentada para siempre. (Mat 3:8) “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento”.


Predica por: Pastor Víctor Ramón Preciado Balderrama
Hola hermanos les saludo con mucho amor en el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo, y con un solo propósito de que sean edificados sus vidas y sus ministerios, me gozo el saludarles y el que Dios me dé la oportunidad de servirles si me lo permiten, y con todo respeto a su doctrina o denominación, mi único interés es que corra la Sana Doctrina de Cristo, estoy ofreciendo:
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Todo es completamente gratis, como escritor de estos materiales te voy a dar los originales para que tú le pongas el nombre de tu Iglesia o tu ministerio o le hagas las modificaciones que a ti te parezcan convenientes. Mi interés es que me des la oportunidad de servirles pues me queda muy claro que mi llamado no es de ser titular sino el de servir y que la Sana Doctrina de Cristo corra como un río poderoso arroyando toda basura de ignorancia.
Por favor si les interesan estos materiales escríbanme pidiéndomelos a cualquiera de los siguientes correos, y con mucho gusto y en el amor a Cristo se los enviaré inmediatamente sin cuestionar nada y que el Espíritu Santo los dirija y los lleve por buen camino, solo les pido en este mismo amor NO LO VENDAN: lo recibes de gracia dalo de gracia.
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