viernes, 9 de noviembre de 2012

LA GRACIA DE DIOS ERA DESCONOCIDA


LA GRACIA DE DIOS ERA DESCONOCIDA
(Juan3:1-12)

(Juan 3:3-6) “Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. 4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? 5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”.

La gracia de Dios era desconocida antes que viniera el Hijo de Dios. Jesucristo nos mostró, no sólo en sus palabras, sino también en sus obras, cuánto Dios nos ama. He aquí una pequeña muestra de ello.

(Juan 3:9-12) “Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto? 10 Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto? 11 De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto,  testificamos; y no recibís nuestro testimonio. 12 Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?”

La gracia de Dios es el amor de Dios que se derrama hacia el hombre sin exigir nada a cambio. La gracia es más que la misericordia y que la bondad. La gracia no se conoció en la antigüedad, porque sólo se manifestó cuando el Señor Jesucristo vino al mundo. (Luc 2:40) “Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él”.

En efecto, la gracia de Dios se desplegó, abundante, en la persona del Señor Jesús, y en sus hechos magníficos. Su caminar en la tierra fue el cumplimiento de su propia palabra: (Hch.20:35) “En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo:

Más bienaventurado es dar que recibir.” Sus opositores le acusaban de ser (Mt.11: 19) “Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: Este es un hombre comilón y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.” Pero esto, que ellos exclamaban como una ofensa, era, en verdad, un maravilloso rasgo de su carácter. Él vino a ponerse al alcance de los pecadores.

Así fue con los judíos, y también con los gentiles. El Señor dijo: “Al que a mí viene, no le echo fuera” (Jn.6: 37b). Pero aún más, el mismo Señor fue al encuentro de las personas. Fue así con la mujer encorvada (Lc.13:12), el paralítico de Betesda (Jn.5:6); con la mujer samaritana (Jn.4:6-42).

Los que venían a Él podían venir tal como eran, incluso, dudando. Así fue con el padre del niño enfermo, a quien el Señor le dijo:

(Mr 9:23) “Si puedes creer, al que cree todo lo es posible”.
Entonces, (Mr.9:24) “E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad”.

Él nunca rechazó a aquellos que se acercaron a Él, aunque vinieran con una fe prestada (Mr.2:5) “Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados”.

Uno de los dos ladrones, en el Calvario, tuvo un pequeño deseo sincero, se lo dijo al Señor y fue salvo.

(Luc 23:41-43) “Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. 42 Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. 43 Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”.

El publicano era también un hombre deshonesto, pero con sinceridad reconoció su pecado y obtuvo del Señor misericordia para ser declarado justo, (Lc 5:27,28) “27 Después de estas cosas salió, y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. 28 Y dejándolo todo, se levantó y le siguió”. El Señor no exige ni siquiera la fe de los pecadores para salvarlos (exigir tal cosa sería poner una valla imposible de saltar).

BASTA UN CORAZÓN SINCERO

(Rev 2:5) “Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido”.

Era tanta la gracia que desplegaba el Señor, que la gente era sanada con sólo tocar el borde de su manto.
Así ocurrió con la mujer enferma de flujo de sangre

(Mt.9:20-22) “20 Y he aquí una mujer enferma de flujo de sangre desde hacía doce años, se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; 21 porque decía dentro de sí: Si tocare solamente su manto,  seré salva. 22 Pero Jesús, volviéndose y mirándola, dijo: Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado.

Y la mujer fue salva desde aquella hora”, y con una multitud en Genesaret

(Mt.14:35,36) “35 Cuando le conocieron los hombres de aquel lugar, enviaron noticia por toda aquella tierra alrededor, y trajeron a él todos los enfermos; 36 y le rogaban que les dejase tocar solamente el borde de su manto; y todos los que lo tocaron,  quedaron sanos.”

Basta que un pecador toque “el borde de su manto” para que su vida sea transformada. Basta entrar en contacto con Jesús, con su persona. No importa no saber teología, ni la Biblia, ni saber orar. ¡Oh, sólo importa tocarle a Él, y ya el pecador puede ser diferente!. Por tocarle, cuantos tenían plagas caían sobre él, para que se cumpliesen las palabras del profeta:

(Mat 8:17) “para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias”.
EL DESPERDICIO DE LA SOCIEDAD FUE FAVORECIDA POR SU PODER:

(Lc. 17:12-14) “Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos 13  y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! 14  Cuando él los vio, les dijo: Id, mostraos a los sacerdotes. Y aconteció que mientras iban,  fueron limpiados”.

(Mar 5:7-13) “Y clamando a gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes. 8 Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu inmundo. 9 Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió diciendo: Legión me llamo; porque somos muchos. 10 Y le rogaba mucho que no los enviase fuera de aquella región. 11 Estaba allí cerca del monte un gran hato de cerdos paciendo. 12 Y le rogaron todos los demonios, diciendo: Envíanos a los cerdos para que entremos en ellos. 13 Y luego Jesús les dio permiso. Y saliendo aquellos espíritus inmundos,  entraron en los cerdos, los cuales eran como dos mil; y el hato se precipitó en el mar por un despeñadero, y en el mar se ahogaron”,

(Mat 20:30-34) “30Y dos ciegos que estaban sentados junto al camino, cuando oyeron que Jesús pasaba, clamaron,  diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros! 31Y la gente les reprendió para que callasen; pero ellos clamaban más, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros! 32 Y deteniéndose Jesús, los llamó, y les dijo: ¿Qué queréis que os haga? 33 Ellos le dijeron: Señor, que sean abiertos nuestros ojos. 34 Entonces Jesús, compadecido, les tocó los ojos, y en seguida recibieron la vista;  y le siguieron”.

LOS AFLIGIDOS POR LARGAS Y PENOSAS ENFERMEDADES:

(Luk 8:43-48) “Pero una mujer que padecía de flujo de sangre desde hacía doce años, y que había gastado en médicos todo cuanto tenía, y por ninguno había podido ser curada, 44 se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; y al instante se detuvo el flujo de su sangre. 45 Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que con él estaban: Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado? 46 Pero Jesús dijo: Alguien me ha tocado; porque yo he conocido que ha salido poder de mí. 47 Entonces, cuando la mujer vio que no había quedado oculta, vino temblando, y postrándose a sus pies, le declaró delante de todo el pueblo por qué causa le había tocado, y cómo al instante había sido sanada. 48 Y él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado; ve en paz”,

(Mar 3:1-5) “Otra vez entró Jesús en la sinagoga; y había allí un hombre que tenía seca una mano. 2 Y le acechaban para ver si en el día de reposo le sanaría, a fin de poder acusarle. 3 Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte en medio. 4 Y les dijo: ¿Es lícito en los días de reposo hacer bien, o hacer mal; salvar la vida, o quitarla? Pero ellos callaban. 5 Entonces, mirándolos alrededor con enojo,  entristecido por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y la mano le fue restaurada sana”,

(Mat 17:15-18) “Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece muchísimo; porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua. 16 Y lo he traído a tus discípulos, pero no le han podido sanar. 17 Respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo acá. 18 Y reprendió Jesús al demonio, el cual salió del muchacho, y éste quedó sano desde aquella hora”.

¡Cuánto amor derramado! ¡Cuánta gracia! ¡Oh, amoroso y bendito señor!

Pero, ¿qué diremos de la más grande de sus obras, sin la cual las demás no hubiesen bastado para redimir a los hombres y sacarlos de la condenación? ¡Su muerte en la cruz, el justo por los injustos para llevarnos a Dios! ¡Su muerte para reconciliarnos con Dios, y

–Aún más– para reconciliar todas las cosas con Dios! (Col 1:20) “y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas,  así las que están en la tierra como las que están en los cielos,  haciendo la paz mediante la sangre de su cruz”.

Es esta una obra de tan grandiosos alcances que en la presente era no estamos en condiciones de percibirla cabalmente.

Luego, su resurrección gloriosa y su gracia al incluirnos a nosotros en ella; su victoria sobre la muerte, que es la base de todas nuestras victorias presentes y futuras.

¡El amor dulce de Jehová por medio de nuestro Señor Jesucristo, El perdón pleno de todos nuestros pecados atraves de la sangre de Jesús a la raza humana, de su caída en el Edén, a la oportunidad de ser restaurados atraves de las enseñanzas de nuestro Dios Jehová por medio de todas las enseñanzas que su hijo Señor nuestro les dio a sus apóstoles y profetas para que de esa manera nosotros que vivimos en el último tiempo tuviéramos toda la guía necesaria en estos tiempos difíciles de manejar, donde el enemigo de nuestras almas está engañando aún a los escogidos!











Predica en Lerma por él:
Pr. Victor R. Preciado Balderrama.
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