sábado, 2 de septiembre de 2017

AVIVAR EL FUEGO ES EJERCITARTE EN LA PIEDAD QUE TIENE PROMESA

3 de Septiembre de 2017
AVIVAR EL FUEGO ES EJERCITARTE EN LA PIEDAD QUE TIENE PROMESA
La Virtudes son (1Timoteo 4:7,8) 7 Desecha las fábulas profanas y de viejas. Ejercítate para la piedad; 8 porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente, y de la venidera.
Piedad es: La virtud de un cristiano en su vida diaria, formada a través de la Sana Doctrina de Cristo (1Tim.6:3-5) “Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las Sanas Palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la Doctrina que es conforme a la Piedad, 4 está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, 5 disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la Verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales”. Piedad es: El ejercicio Espiritual que vamos hacer constantemente (2 Pedro 1:3) “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su Divino Poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia”.

PIEDAD se refiere a la compasión, la clemencia o la lastima o condolencia que se tiene hacia algo o alguien. La piedad es una VIRTUD y se refiriere a una manera de ganar el favor o el perdón de Dios. Según diversa gente puede entender su significado diferentemente, se utiliza generalmente para referirse a la dedicación religiosa o a la espiritualidad o a menudo, a una combinación de ambos. Un elemento común en la mayoría de las concepciones de la piedad es la humildad que habla de un sentimiento de pena o dolor que se tiene hacia quienes sufren. Compasión y misericordia. Virtud que inspira, por el amor a Dios, devoción a las cosas santas, y por el amor al prójimo, actos de abnegación y compasión.

Si alguien te dice que avives el fuego es porque seguramente ve que las bazas de la piedad en ti, se están apagando. Les invito que abran sus Sagradas Escrituras en: (2 Timoteo 1:6,7) “6 Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. 7 Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”. Quiero hacer un pequeño paréntesis para orarBendito sea el Señor Jesucristo, que nos permite estar ante la presencia de nuestro Padre Celestial. ¡Qué bueno es saber que estamos en la Presencia de Jehová Dios por medio de Jesucristo! Servimos un Dios que atiende a nuestro clamor, nos ama… Padre Celestial, gracias por esta Palabra, gracias por esta oportunidad de escudriñar tu Palabra y al mismo tiempo, ser escudriñados por esta Poderosa Palabra, invito al Espíritu Santo para que se manifieste en Poder sobre esta Palabra para que cobre vida en cada uno de nosotros. En el Nombre de Jesucristo. Amen.

Lo primero, que vamos a resolver es, esta pregunta: ¿Cómo se aviva el don de Dios que está en nosotros? Y, mis hermanos ¿Saben que se aplica también a cada uno de ustedes? ¿Saben que cada uno de ustedes tiene un don? Que Jehová Dios puso un don, antes de que nacieras, cada uno nació precisamente para ejercer el don de Dios sobre esta tierra. Debemos de ejercer el don de Dios en esta tierra, porque Jehová Dios tiene el propósito para su iglesia, entonces tú eres parte de esto, y Jehová Dios quiere bendecir este mundo a través de tu vida y a través del don que Él puso en ti. Este don, en toda tu vida, Ha sido inerte hasta el momento que viniste a recibir a Jesucristo como tu Señor. Y como una resurrección espiritual, esta brasa encendida, pasa… transmite, el fuego de Dios sobre esta brasa fría e inerte. Esto es una de las cosas más Poderosas y más preciosas que se hace en la Iglesia de Jesucristo. De brasa a brasa se enciende el fuego de Dios en tu vida. Y este don, que era potencial, ahora por imposición de manos, el Espíritu Santo ahora morando en ti, porque eres ya templo del Espíritu Santo cubierto por la sangre del cordero; ahora el Señor Jesucristo puede poner en acción y operar ese don.

Y, mis hermanos, déjenme decirles, como nunca antes, esta iglesia, la Congregación Iglesia en Cristo Jesús “Mi Libertador”, que radica en Lerma Estado de México… Sí, la Iglesia de Jesucristo, pero ahora te hablo a ti y a esta Iglesia, como nunca antes, se necesita que usted, y usted, y usted y todos aquí en el Nombre de nuestro Señor Jesucristo, que te ha llamado a este Cuerpo, caminen en sus dones y operen en sus dones. Y que sea lo que estaba enseñando el miércoles pasado; esta identidad que cada uno de nosotros tenemos, por ejemplo: Y te pido tu atención, por favor, porque lo que te voy a decir es muy importante para ti, porque delante de Jehová Dios, Jesucristo, Espíritu Santo y del Gobierno Federal, soy tu cobertura, entonces es importante saber cuál es mi identidad; Identidad que con tus ojos lo puedes comprobar, porque  Dios me la dio, la cual he venido transmitiendo, acompáñenme por favor a las Sagradas Escrituras en: (2Timoteo 1:11) “Del cual yo fui constituido predicador, apóstol y maestro de los gentiles”. Quiero reconocer que este don no me excluye de enfermedades ni tampoco soy diferente a ti, fíjate que cómo Pastor estoy hecho de carne y huesos y soy humano, y tengo el derecho de enfermarme y de cansarme”.

Y, ¿Saben? El Señor Jesucristo no espera que cómo pastor lo haga todo y por esto es que Jesucristo, nuestro Señor me ha rodeado de una iglesia y ha poblado con hermanos y hermanas con dones, ministros que el Señor Jesucristo quiere que broten y se activen. Si alguien de Ustedes tiene un don, quiero decirte que este don nos hace falta ahora más que nunca. Es un hecho de que ustedes tienen que avivar el don de Dios que está en ustedes. Permíteme prender de nuevo las llamas de esta brasa que un día ardía en el primer amor en tu vida, pero que por la imposición de mis manos puede encenderse nuevamente.
¡Qué bueno sería si todos nosotros lo practicáramos! Bueno, ¿Cómo se hace esto? Vamos al manual de vida las Sagradas Escrituras: Esto no solo se limita meramente a la imposición de manos sobre ministros, ordenándolos, aunque esto es cierto. Cómo lo podemos comprobar en los siguientes versículos: (Deut 34:9) “Y Josué hijo de Nun fue lleno del espíritu de sabiduría, porque Moisés había puesto sus manos sobre él; y los hijos de Israel le obedecieron, e hicieron como Jehová mandó a Moisés”. (Hch 6:6) “A los cuales presentaron ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos”. (1Tim 4:14) “No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio”. (1Tim 5:22)No impongas con ligereza las manos a ninguno, ni participes en pecados ajenos. Consérvate puro”. Pero en una ordenación, fíjate, lo que se está haciendo, es reconociendo los dones que ya Jehová Dios, está operando sobre la vida de cada uno de su pueblo, y que está apartando para usarlo en el ministerio que ya está ejerciendo. Una vida vivificada por el Poder de Dios imponiendo manos sobre otra vida, deseando ser vivificado por el Poder de Dios.
El apóstol Pablo, señala también que este Evangelio que predicaba no lo había inventado él, sino que era el cumplimiento de "la promesa" que Dios había hecho durante siglos a la nación judía (2 Tim 1:1) “Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, según la promesa de la vida que es en Cristo Jesús”. No olvidemos que Pablo había sido perseguido ferozmente por algunos de sus antiguos correligionarios judíos que le acusaban de haber abandonado la fe de sus padres, por eso vuelve a reafirmar que el Señor Jesucristo es el cumplimiento de las promesas hechas a la nación judía, y que él seguía sirviendo al Dios de sus padres, sin haber tenido que renunciar a nada de lo que las Escrituras decían (2 Tim 1:3) “Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día”. Y por otro lado, mira también hacia el pasado para considerar algunos hechos fundamentales que habían unido a Pablo y Timoteo de forma inseparable.

En primer lugar, vemos que ambos habían aprendido las Escrituras por medio de sus antepasados judíos. Ya hemos dicho que Pablo servía a Dios desde sus mayores que eran judíos, y de la misma manera Timoteo había aprendido desde niño a confiar en las Escrituras que le habían enseñado su madre y su abuela, que también eran judías piadosas (2 Tim 1:5) “Trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también”. (2 Tim 3:14,15)14 Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; 15 y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús”. Pero aun había mucho más, y Pablo añade que "nos salvó y llamó" de acuerdo al propósito divino que se había originado antes de los tiempos de los siglos (2 Tim 1:9) “Quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos”. Por supuesto, la salvación es algo que todos los cristianos auténticos comparten, y que les une en el cuerpo de Cristo que es la Iglesia, pero en el caso de Pablo y Timoteo, además de la salvación, ambos habían recibido también un llamamiento muy especial al ministerio.

Es de suma importancia saber y comprobar que el guía espiritual lo haya constituido Dios por medio de Jesucristo, el apóstol Pablo, recuerda también el momento en el que Timoteo había recibido su propio llamamiento especial por medio de la imposición de las manos del apóstol (2 Tim 1:6) “Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos”. Había sido Dios quien los había unido de esta forma en el ministerio. Hasta ese momento Pablo y Timoteo habían pasado largos años sirviendo al Señor juntos, pero la próxima partida del apóstol indicaba que había llegado el momento de separarse. Tuvo que ser difícil para Pablo exhortar a Timoteo a "participar de las aflicciones por el Evangelio" (2 Tim 1:8) “Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el Evangelio según el Poder de Dios”. El apóstol se lo pide porque tiene plena confianza en Timoteo, puesto que está seguro de su "fe no fingida", y de su disposición para el servicio, de lo cual sus lágrimas sinceras para llenarle de gozo eran una prueba indudable.

Ahora bien, los recursos que Timoteo tenía a su disposición para cumplir estas exhortaciones eran más que suficientes. En primer lugar, Pablo le recuerda que contaba con "el Poder de Dios" (2 Tim 1:7,12) “7 Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de Poder, de amor y de dominio propio. 12 Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día”. En segundo lugar, tenía a su disposición la "Gracia en Cristo Jesús" (2 Tim 1:9) “quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos”. Y en tercer lugar, tenía el "Espíritu Santo" (2 Tim 1:14) “Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros”.

Nuestro ministerio es; "Por la Voluntad de Dios". No ha sido nuestra propia elección, sino que es un encargo Divino que le ha llegado directamente de Jesucristo (Gal 1:1) “Pablo, apóstol (no de hombres ni por hombre, sino por Jesucristo y por Dios el Padre que lo resucitó de los muertos)”. (1 Juan 2:25) " Y esta es la promesa que Él nos hizo, la vida eterna". Fuimos constituidos en este ministerio, con el fin de, fundar, predicar, y enseñar la Sana Doctrina de Cristo, en las Sagradas Escrituras, que nos traen la vida a través de Jesucristo y que ha sido antes prometido por medio de los profetas, y el mismo Señor Jesucristo. Si no hubiera habido tal promesa, nosotros no habríamos sido constituidos como ministerio.

Así pues, las exhortaciones e instrucciones que Timoteo estaba a punto de recibir provenían de un apóstol, que, en cierto sentido, era como un padre espiritual. Todo esto nos da una idea del respeto y solemnidad con las que Timoteo recibiría, leería y conservaría esta carta. Si no se entiende y respeta el principio de autoridad, la relación está condenada al fracaso, pero ocurrirá lo mismo si falta el amor y la amistad. Y esto es válido no sólo en cuanto a nuestras relaciones familiares entre padres e hijos, sino también en las relaciones con los servidores en la iglesia. Debemos poner énfasis, en la inmerecida bondad de Dios hacia el hombre pecador que no merece nada. Pero no debemos asociar la gracia únicamente con el momento en que somos recibidos al convertirnos, sino que es una corriente constante que nos capacita para afrontar cada nueva necesidad que se presenta.

Las Sagradas Escrituras hablan de la, "gracia sobre gracia" (Jn 1:16) “Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia sobre gracia”. Y por esto sabemos que es suficiente para superar las dificultades y los tiempos de prueba (2 Cor 12:9) “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi Poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el Poder de Cristo”. Un poco más adelante en esta misma carta vuelve a recordarnos que la salvación y llamamiento ha sido por medio de “LA GRACIA” (2 Tim 1:9) “quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos”, y que para cumplir adecuadamente nuestro ministerio es necesario que nos esforcemos en la Gracia que es en Cristo Jesús (2 Tim 2:1) “Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús”.
Tenemos que ser conscientes de la Presencia de la Gracia de Dios en nuestras vidas. De esta forma sabemos que los orígenes de estas bendiciones no son humanas, sino Divinas: "DE DIOS PADRE". También es muy importante señalar el medio por el que llegan: "DE JESUCRISTO NUESTRO SEÑOR". Asociamos el nombre de Jesucristo con el de Jehová Dios como la fuente conjunta de estas bendiciones, son una alusión clara a la deidad de Jesucristo.
Pero, en cualquier caso, también debemos resaltar la importancia de instruir a nuestros hijos en las verdades de la fe cristiana. ¡Cuántos excelentes siervos de Dios han recibido su primera enseñanza de las Sagradas Escrituras, por medio de sus madres! Y así fue como Timoteo llegó a ser la tercera generación en aquella familia que servía a Dios con una fe genuina. El don y el llamamiento recibido de Dios (2 Tim 1:6) “Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos”.
Y aquí encontramos la primera exhortación para que siga constante en nuestro ministerio. Por un lado, la hostilidad hacia el Evangelio está creciendo, de tal modo que muchos cristianos están muriendo por esta causa, y el mismo Pablo estaba encarcelado por esta misma razón.

Frente a este escenario en cual vivimos no debemos desalentarnos, y Por esta razón te animo a avivar el fuego del don de Dios que está en ti. Timoteo había recibido un don que le capacitaba para desarrollar cierto ministerio, y ahora se le exhortaba para que lo desarrollara por medio de su uso diligente. Aclaro que con esto no estaba reprochando a Timoteo que estuviera siendo negligente o perezoso en el desarrollo de su ministerio. Pero como sabemos, la tendencia del fuego es a apagarse, y las circunstancias que nos rodean al igual que a Timoteo bien pueden asfixiarte, así que quiero introducir nuevo oxígeno para que la combustión se reavive aún más y que siguas haciendo frente valerosamente a las serias dificultades con las que te vas a encontrar. Podemos decir que se trata de una exhortación preventiva, no correctiva.

Y por supuesto, nosotros también debemos recibirla. Tenemos que vigilar el fuego en el altar de nuestro corazón, alimentar constantemente nuestra relación con Dios, ejercitar los dones recibidos, para así no perder el celo y el entusiasmo por la obra del Señor Jesucristo, ni apagar su Espíritu en nosotros (1 Tes 5:19) “No apaguéis al Espíritu”.
Jehová Dios nos ha repartido diferentes dones (1 Co 12:11) “Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como Él quiere”. Estos dones sirven para capacitar al cristiano para servir al Señor Jesucristo en las áreas específicas del ministerio al que hemos sido llamados. Necesitamos el amor de Dios en nosotros, que sin duda es la fuerza más poderosa del universo y que puede vencer toda nuestra resistencia a darnos por los demás sin importarnos el costo. El "dominio propio", que tiene que ver con el autocontrol, la sobriedad, la autodisciplina, el ejercicio de una mente sana y equilibrada. Todo esto resulta necesario en cada circunstancia. En tiempos de persecución se requiere calma y buen juicio para no reaccionar con fanatismo ni violencia. Pero igualmente en cada situación se necesita la presencia moderadora del Espíritu Santo en nosotros.

Poder, amor y dominio propio, unidos, harán que el siervo de Jesucristo sea firme e inconmovible en sus convicciones, pero también limará sus aristas, haciendo de él alguien bondadoso y entregado a los demás, celoso por la obra de Dios, pero sin fanatismos ni exageraciones desproporcionadas.

Y tenemos que reconocer que estos no son una capacidad natural en nosotros. No nacemos con ellos, ni se pueden conseguir estudiando, son fruto del Espíritu Santo.


Predicador de la Sana Doctrina de Cristo: Víctor. Si usted no tiene la intención de guardar esta hoja, tenga la amabilidad de entregarla a otra persona interesada. Para la difusión gratuita entre cristianos, se permite fotocopiar esta hoja (por favor no cambiar el texto). 
Publicar un comentario