lunes, 23 de noviembre de 2015

RENUEVA UN ESPÍRITU RECTO DENTRO DE MÍ (Salmo 51:1-19)

RENUEVA UN ESPÍRITU RECTO DENTRO DE MÍ
(Salmo 51:1-19)
En la predicación de hoy estaremos explorando un momento crucial en la vida del rey David, que nos ilustrara lo que debemos y tenemos que hacer para que Dios envíe un avivamiento. La lectura de nuestro estudio bíblico es un poco extensa, así que no se las leeré completa, sino que usare los versículos claves que sirven para mejor ilustrar los puntos que deseo hacer en esta predicación. Pero como siempre digo, marquen su Biblia y no dejen de leer todos los versículos durante su tiempo de meditación.
Todo cristiano fiel ora al Padre Celestial diariamente, por medio de nuestro Señor Jesucristo ya que esto es nuestra vía de comunicación con nuestro Dios. Todos oramos por diferentes razones, o clamamos según nuestras necesidades, pero yo sé que todos aquí compartimos un propósito en común en nuestras oraciones.

Yo sé que todos aquí oramos al Padre que envíe un avivamiento a nuestra congregación, ¿no es así? Todos deseamos que Jehová Dios envíe un avivamiento a todos los        que estudiamos y escudriñamos la Sana Doctrina de Cristo para que aumenten las congregaciones que prediquen ésta Sana Doctrina y despierten de su sueño y letanía para que caiga toda ignorancia de religiosidad además toda tradición del mundo que se ha mesclado ya con lo sagrado de Dios porque cada vez que el mundo festeja cualquier cosa ya también lo hace la iglesia, (Colosenses 2:8) “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo”. Así que la pregunta que debemos hacernos es ¿qué se necesita para que Dios envíe un avivamiento? Este será el tema de nuestra predicación en el día de hoy. En nuestro estudio bíblico de hoy vamos a enfocar lo que todos necesitamos para que Dios envíe el avivamiento. Todos pedimos y deseamos un avivamiento, pero antes de que esto pueda suceder, algo muy importante tiene que pasar en nuestra vida.

Le pido a Jehová Dios Todo Poderoso que avive el fuego en los corazones por medio de su Palabra Escrita en cada corazón ce cada uno quien se haga llamar cristiano. (1Ped 1:22) “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro”. El pecado nos separa de Dios y de la comunidad cristiana. El pecado ha entrado y robado su paz y su tranquilidad. Somos tentados segundo a segundo en nuestra vida. (Santiago 1:14) nos dice: “Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido”. Esto significa que somos tentados de nuestros propios malos deseos en nuestra alma contaminada. En tal estado se le debe pedir a Dios un corazón limpio para que nuestra alma sane.

¿QUÉ HACEMOS CON EL SENTIMIENTO DE CULPABILIDAD? A veces es un malestar totalmente correcto cuando proviene de Dios, es incorrecto cuando proviene del mundo. Cuando nos sentimos culpables porque lo somos de verdad entonces el Espíritu Santo lo está provocando. El sentimiento responde al Espíritu Santo dentro del ser humano, que empieza a redargüirnos cuando hacemos algo que no debemos. Algo así como la lucecita en el tablero del coche cuando no has abrochado el cinturón de seguridad. El trabajo del Espíritu Santo se da en todas las culturas del mundo, y en cambio todas las religiones del mundo tienen sus fórmulas para aliviar el sentimiento de culpa lo cual no proviene de Dios.
David vivió casi todas las experiencias que pueden tocar en la vida humana. Los Salmos Escritos por él nos ayudan a distinguir entre un sentimiento falso de culpabilidad y la culpa verdadera, y nos enseñan qué hacer cuando hemos fallado de verdad.
Los salmos responden a la visión bíblica de la ética, afirmando que existen normas objetivas de bien y de mal (como los Diez Mandamientos) que rigen sobre todas las personas del mundo. Son los principios que manan del carácter de un Dios que es bueno y sabio. La moral bíblica tiene sentido porque la realidad funciona de una manera y no de otra. La conciencia de todas las personas, de todas las etnias y en todos los lugares, es un reflejo fiel de estas normas objetivas, porque cada ser humano lleva la imagen y semejanza del Dios creador estampada en su alma porque fuimos creados a su semejanza.

Así que permítanme hacerles un muy breve recuento de la vida del Rey David, y por lo que él estaba atravesando en este momento de su vida. Como todos sabemos, David fue elegido y ungido por Dios desde una temprana edad para que fuese el Rey de Israel. Poco después de esto, a David le toco pasar por grandes pruebas de su fe. La primera y más conocida por todo cristiano fue cuando David derroto a Goliat. Pero esta no fue la única prueba de su fe. Digo esto porque el Rey Saúl a quien David había defendido lo persiguió para matarle, la persecución fue tan severa que David eventualmente tuvo que huir de Israel para salvar su vida. Pero no obstante todo esto, David mantuvo una fe inquebrantable, y llego a ser el Rey de Israel tal como Dios lo había dictado. Pero las pruebas no se detuvieron cuando David fue ungido como Rey de Israel. Después de asumir el trono, se levantó otra gran oposición en contra de David, y trataron de destruirle.

Este breve resume del Rey David nos conduce más o menos a este punto de la historia. Conociendo un poco mejor a David ahora preguntémonos, ¿por qué hizo David este clamor a Dios? (Salmo 51:1-19) La razón por la que David hizo este clamor, que en realidad es una fuerte oración, fue porque David reconoció que le había faltado a Dios grandemente. ¿Por qué digo que David reconoció que le había faltado a Dios grandemente? Lo digo porque David escribió este salmo después de su relación adúltera con Betsabé. En su deseo de satisfacer los placeres de la carne, David había roto por lo menos cinco de los mandamientos de Dios todos de un golpe; (Exo 20:13-17) “13 No matarás. 14 No cometerás adulterio. 15 No hurtarás. 16 No hablarás contra tu prójimo falso testimonio. 17 No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo”. Adulterio, mentira, robo, homicidio, codicia. David ha violado los mandamientos de Dios y parece que no hay consecuencias. Parece que la maniobra encubridora ha funcionado, hasta que llega el profeta Natán con un mensaje del cielo, diciendo que el Señor lo ha visto todo y no piensa dejarlo pasar. David se las arregla para deshacerse del marido: manda al comandante de la tropa que deje solo a Urías en la batalla, para que lo maten los enemigos. David es autor intelectual del asesinato, aunque los autores materiales son los amonitas.

David se quebranta del todo y plasma su arrepentimiento en el Salmo 51. Es un salmo que nos ayuda a descubrir el arrepentimiento correcto cuando hemos tropezado de verdad, como también a comprender el medio que permite que Dios otorgue su perdón. Dios no puede perdonar así por así, sin perder la esencia de su carácter santo. Tiene que haber un sistema que una las demandas de la justicia eterna con la necesidad de un pecador sinceramente dolido. Será la realidad espiritual latente en la antigua ceremonia para la purificación del leproso y luego manifestada en Jesucristo.
Pensando en la sangre del sacrificio, David clama (Sal 51:7) “Purifícame con hisopo, y seré limpio; Lávame, y seré más blanco que la nieve”. Cuando preguntan a Jesucristo cuál es el mandamiento más importante de todos, les contesta que son dos: (Mt 22:37-39) “37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Este es el primero y grande mandamiento. 39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Si este es el gran mandamiento, entonces el gran pecado consiste en no cumplir con el Amor a Dios y el amor al prójimo. No hace falta matar, robar o adulterar. Con tener frialdad en el corazón hacia nuestro Creador, hemos incurrido en el más grave de todos los mandamientos.

Al quedarnos indiferentes frente al gran regalo que nos ha hecho enviando a su Hijo para ser nuestro Señor y Salvador, hemos despreciado su amor. Si David pudo conocer el perdón divino en un caso tan serio ("seré limpio...más blanco que la nieve..."), nosotros también podemos ser perdonados. Si nuestro sentimiento de culpa se ajusta a la realidad de la situación, también puede haber perdón de Dios, un perdón hecho posible por la sangre derramada por nuestro Señor Jesucristo.

QUEBRANTAMIENTO Y CONFESIÓN
(Sal 51:1-5) “1Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. 2Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. 3Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí.
4Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; Para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio. 5He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre”. David ha llegado a la cumbre. Los años de huida y de soledad han terminado. Como rey, ha visto cumplidas todas sus expectativas: goza del amor del pueblo, de la lealtad del ejército, del respeto de los enemigos, y de la bendición de Dios. Incluso en el amor parece prosperar. Todas las puertas se le han abierto de par en par. Entonces ocurre el incidente con Betsabé.

El encuentro oculto y solapado entre David y Betsabé nos invita a reflexionar sobre dos cosas: qué hacer con el mal que hemos cometido y, en segundo lugar, el plan de Dios para la intimidad sexual. La amonestación de Natán y el arrepentimiento de David ponen de manifiesto que ha ocurrido algo serio, que esto no tenía que haber sido así. Si lo de David y Betsabé representa un desastre (por la reacción tan fuerte del Señor), ¿qué han hecho mal? ¿En qué consiste el fallo? ¿Cuál habría sido la alternativa? Ampliando la cuestión al pecado en general, ¿cuál es la solución después de haber caído en pecado?
El fallo de David empieza cuando se queda mirando por la ventana. (2Samuel 11:2) “Y sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado de la casa real; y vio desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa”. Se queda contemplando a la chica desnuda, y esto desvía su corazón. Job había dicho (Job 31:1-8) “1 Hice pacto con mis ojos; ¿Cómo, pues, había yo de mirar a una virgen? 2 Porque ¿qué galardón me daría de arriba Dios, y qué heredad el Omnipotente desde las alturas? 3 ¿No hay quebrantamiento para el impío, y extrañamiento para los que hacen iniquidad? 4 ¿No ve él mis caminos, y cuenta todos mis pasos? 5 Si anduve con mentira, y si mi pie se apresuró a engaño, 6 Péseme Dios en balanzas de justicia, y conocerá mi integridad. 7 Si mis pasos se apartaron del camino, si mi corazón se fue tras mis ojos, y si algo se pegó a mis manos, 8 Siembre yo, y otro coma, y sea arrancada mi siembra”. La primera mirada casual no es el fallo, sino la segunda, por ser premeditada e intencionada.
Luego el rey consiente a sus instintos, se deja llevar. Llama a Betsabé y se acuesta con ella ese mismo día. El salmo hace mención a varios tipos de faltas: rebeliones (son fallos que se cometen a sabiendas), maldad (retorcimiento en general), y pecado (desobediencia a los mandamientos de Dios). Esto sugiere que hemos de analizar aquello que el Espíritu Santo nos está redarguyendo, primero para que podamos darnos cuenta que estamos en un error de verdad.

Podemos estar culpándonos por algo que no hemos causado por ejemplo: (la separación de los padres o los abusos recibidos en la infancia). A veces son acusaciones que vienen de otros, pero que no tienen fundamento real, como el caso de Nehemías (Neh 6:5-8) “5 Entonces Sanbalat envió a mí su criado para decir lo mismo por quinta vez, con una carta abierta en su mano, 6 en la cual estaba escrito: Se ha oído entre las naciones, y Gasmu lo dice, que tú y los judíos pensáis rebelaros; y que por eso edificas tú el muro, con la mira, según estas palabras, de ser tú su rey; 7 y que has puesto profetas que proclamen acerca de ti en Jerusalén, diciendo: ¡Hay rey en Judá! Y Ahora serán oídas del rey las tales palabras; ven, por tanto, y consultemos juntos. 8 Entonces envié yo a decirle: No hay tal cosa como dices, sino que de tu corazón tú lo inventas”.

Hacemos bien en pedirle a Jehová Dios la luz del entendimiento, para ver si hemos fallado de verdad, objetivamente, delante de Él (Job 34:32) “Enséñame tú lo que yo no veo; si hice mal, no lo haré más”. No cumplir con las expectativas de otros (padres, hermanos, amigos, miembros de la iglesia) no siempre representa un pecado. David reconoce abiertamente, que ha obrado mal. Ha incurrido en pecado, maldad, y transgresión, objetivamente y delante de Dios. Siempre tenemos que armonizar con la Palabra Escrita que es la que salió de la Boca de Jehová Dios y hará el efecto para la cual la envió y no volverá a Él vacía, así que si queremos hacer algo tenemos que armonizar con lo que dice Dios. Si Él dice que está mal, yo digo lo mismo: está mal.

Por esto, David dice: (Salmos 51:4) “Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; Para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio”. O sea, (para que todos vean que Jehová Dios tiene razón). Las personas que nos observan ven que el Jehová Dios tiene razón en su valoración de las conductas.
David reconoce la gravedad de su pecado, como una ofensa contra Dios más que contra las personas que han sufrido como: Betsabé, Urías, y el niño que muere, y el pueblo entero a que ha dado mal ejemplo.
El rey David Dice (Salmos 51:4) Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos”. También asume la variedad de su pecado: ha sido rebelión (porque sabía perfectamente que obraba mal), maldad (porque reflejaba un retorcimiento innato en su corazón), pecado (porque así le estaba pagando a quien lo escogió como rey en Israel).

Reconoce la continuidad de su pecado: (Salmos 51:5) “He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre”. Quiere decir que su disposición al mal viene de nacimiento, que siempre ha sido así desde el momento de concepción en el vientre de su madre. Hacen falta dos cosas, para que el corazón se quede tranquilo frente al pecado.
PRIMERO, hay que borrar el registro celestial del mal cometido. La palabra "culpa" se refiere al hecho de estar expuesto al castigo debido por una ofensa. Está expuesto a que le detengan y le lleven al calabozo. La palabra bíblica "expiación" se refiere a la borrar la culpa. David piensa en la expiación cuando pide: (Salmos 51:1) “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones”.
En SEGUNDO lugar, hace falta cambiar la tendencia latente en el ofensor, para que no reincida en lo mismo. Se refiere a una corrupción interna, una propensión en el corazón, una tendencia al mal. David piensa en esto cuando dice: (Salmos 51:2)Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado”. Insiste (así la frase "más y más") porque no es fácil cambiar el corazón humano. Jehová Dios tiene que hacer un milagro para darle otra orientación, hacia el bien y no hacia el mal.

En este salmo David no emplea el nombre personal, "Jehová". Le llama "Dios" seis veces, pero nunca le llama "Jehová", porque el pecado hace perder la intimidad con el Dios del pacto. Uno no siente su cercanía, no se goza de su amor, no se renueva con la esperanza de su cuidado. Pierde la certeza de ser oído y contestado: (Sal 66:18) "Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado".
Jehová Dios Omnipresente nunca desaparece, pero la sensación experimental del ser humano que está en pecado siente que el cuidado de Dios se ha extinguido.
Así es la experiencia de David en su pecado. Esto invita al creyente a confesar sus pecados rápidamente y específicamente.
PRIMERO, hay que confesarse rápidamente para no quedar mucho tiempo en la experiencia de desierto espiritual. David reconoce: (Salmos 51:8) “Hazme oír gozo y alegría, y se recrearán los huesos que has abatido(Literalmente "molidos"). Ha habido una sequedad en el alma, una oscuridad interior con efectos físicos incluso.
SEGUNDO, conviene confesarse con Jehová Dios específicamente, porque la naturaleza de la confesión (decir lo mismo que está Escrito) así requiere. Una disculpa genérica cómo esto: (perdóname si te he ofendido en algo) no es la verdadera confesión.

El fallo de David con Betsabé tiene que ver con la relación sexual. Este salmo nos invita a meditar no sólo en el pecado en general, pero más concretamente en el pecado sexual. ¿En qué consiste? ¿Cuál es el plan de Dios para la intimidad sexual? La Sana Doctrina de Cristo en la Biblia nos sugiere varios principios a modo de orientación en nuestro diario vivir: Dios diseñó la relación sexual para la felicidad del hombre y la mujer. Hay que partir del hecho de una creación divina, como Jesucristo también creía y enseñaba (Mt 19:4-6) “4 El, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio,  varón y hembra los hizo, 5 y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? 6 Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre”.

Las Escrituras hablan de una provisión pensada para superar la soledad de la persona: (Gn 2:18,21-25) “18 Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. 21 Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. 22 Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. 23 Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. 24 Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. 25 Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban”.
Hay una fusión de almas que se expresa a través de la unión de los cuerpos. Algo bueno, algo bonito, algo que Dios ha pensado para el bien del ser humano: no sólo para la procreación de hijos, sino para reforzar la relación de pareja (Pr 5:15-19) “15 Bebe el agua de tu misma cisterna, y los raudales de tu propio pozo. 16 ¿Se derramarán tus fuentes por las calles, y tus corrientes de aguas por las plazas? 17 Sean para ti solo, y no para los extraños contigo. 18 Sea bendito tu manantial, y alégrate con la mujer de tu juventud, 19 Como cierva amada y graciosa gacela. Sus caricias te satisfagan en todo tiempo, y en su amor recréate siempre”. (Ecle 4:9-12) “9 Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. 10 Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. 11 También si dos durmieren juntos, se calentarán mutuamente; más ¿cómo se calentará uno solo? 12 Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto”.

JEHOVÁ DIOS NOS DA EL MANUAL PARA TENER UN CORAZÓN LIMPIO. En su Sana Enseñanza Dios nos dejó una serie de valores o mandamientos a cómo vivir correctamente ante El. En el AT Él nos dejó más de 300 valores a su pueblo en el cual se resumen en lo que conocemos como los 10 mandamientos. (Éxodo 20:1-17). En el NT, Jesús lo resume aún más, en 2 poderosos mandamientos. (Lucas 10:27). Ahora, ¿hemos cumplido con los mandamientos de Dios? Por supuesto que NO. Todos tenemos un problema y es el pecado.
JEHOVÁ DIOS NOS MUESTRA NUESTRA CONDICIÓN HUMANA. Para Dios solo existen 2 tipos de personas en el mundo. Los que viven vidas por sus propios deseos o personas que han rechazado el mensaje de las buenas nuevas. Los que han hecho una decisión de seguir a Cristo como Señor y Salvador. La Sana Doctrina de Cristo en la Biblia nos habla de esta condición humana, llamada el pecado.
JEHOVÁ DIOS NOS QUIERE RESTAURAR Y PERDONAR. ¿Por qué debemos ser limpios?
(1 Pedro 1:13-16) “13 Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado; 14  como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; 15 sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; 16 porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo”. Jehová Dios quiere que tengamos un corazón limpio  porque Él es Santo.
(Salmo 51:10,11) “10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. 11 No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu”. Solo Dios puede crear un corazón nuevo.

El hombre por sus propias fuerzas y recursos no puede. Cuando Dios te limpia, te limpia de verdad. El hace un cambio total. (1 Corintios 5:6,7) “6 No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? 7 Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros”. Jesucristo puede hacer de ti una nueva criatura. De negro a blanco. El limpia toda nuestra mente, el centro de nuestra voluntad. Cuando desobedecemos y pecamos, el Espíritu Santo se entristece, porque Dios aborrece el pecado. No solamente perdemos la comunión sino también perdemos el gozo y andamos deprimidos. (Salmos 51:12-13) “12 Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente. 13 Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, y los pecadores se convertirán a ti”. Cuando nos arrepentimos el gozo de nuestra salvación vuelve nuevamente. Volvemos a experimentar la paz de Dios.

Fíjense bien como dijo David; dijo: (Salmos 51:9) Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades”. Aquí vemos que David se humillo ante Dios y reconoció sus faltas; David le pidió ser renovado, ser restaurado, y clamo la misericordia de Dios. Pero desdichadamente esto es algo que muchos de nosotros no hacemos. ¿Por qué no lo hacemos? La mayor razón por la que no lo hacemos es porque en este mundo tan apresurado y lleno de tensión, nosotros tendemos a envolvernos tanto en las cosas que satisfacen nuestros deseos y placeres, que no llegamos a reconocer nuestras faltas. La realidad es que ya no se puede ver casi ningún programa de televisor, o película de cine que no promueva, o de forma alguna implique que no existe nada mal en el homosexualismo, el adulterio, la fornicación, la violencia y la desfachatez que estamos viendo en nuestros días.

A David le llegó la Palabra del Arrepentimiento por medio del profeta Natán (2Samuel 11:27) “Y pasado el luto, envió David y la trajo a su casa; y fue ella su mujer, y le dio a luz un hijo. Mas esto que David había hecho, fue desagradable ante los ojos de Jehová”. (2 Samuel 12:1) “Jehová envió a Natán a David; y viniendo a él, le dijo: Había dos hombres en una ciudad, el uno rico, y el otro pobre”. Hoy Jehová Dios desea que nosotros nos arrepintamos por medio de la palabra que se nos predica por medio de su siervo.
Pero lo más importante es cuando el Espíritu Santo te está hablando en cada una de nuestras vidas, nosotros tenemos que guardarnos porque un cristiano al pecar se vuelve peligroso por eso debemos tener cuidado de nosotros mismos. (1 Timoteo 4:16) “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren”. La clave para nosotros hoy es que reconozcamos cuando hacemos lo malo ante los ojos de Dios, a David lo compungió la palabra para llevarlo al arrepentimiento.

Al hijo pródigo Jehová Dios le hablo por medio de los cerdos y de la condición de vida que estaba llevando (Lucas 15:15-18) “15 Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. 16 Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. 17 Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! 18 Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti”. Porque lo que el Jehová Dios permite que se pruebe es el oro y será metido al horno de fuego. Lo que le paso al pródigo es que llegó a la casa pero sin rango, porque cada vez que pecamos se puede llegar a perder rangos o posiciones en el reino de Dios.

Jonás fue otro a quién le hablaron los inconversos usados por Jehová Dios en el barco para que se arrepintiera. (Jonás 1:6) “Y el patrón de la nave se le acercó y le dijo:   ¿Qué tienes, dormilón? Levántate, y clama a tu Dios; quizá él tendrá compasión de nosotros,  y no pereceremos”. El Ladrón de la Cruz se arrepintió hasta que vio venir la muerte de cerca (Lucas 23:39-42) “39 Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba,  diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. 40 Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? 41 Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. 42 Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino”. Estos son los que se arrepienten y son los del misterio de la agonía. Nosotros hoy no esperemos situaciones bien difíciles en nuestra vida para llegar al verdadero arrepentimiento.
La pregunta que nos hacemos constantemente es: ¿Hasta cuándo será erradicado el pecado totalmente? La respuesta según la palabra es: Cuando Jesucristo vuelva por segunda vez (Tito 2:11-14) “11 Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, 12 enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, 13  aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, 14 quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras”.
(Juan 14:3) “Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo,  para que donde yo estoy, vosotros también estéis”.
(1Juan 3:2) “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es”.
(Hechos 3:19-21) “19 Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, 20 y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; 21 a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo”.
(Rom 2:16-20) “16 en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres,  conforme a mi evangelio. 17 He aquí, tú tienes el sobrenombre de judío, y te apoyas en la ley, y te glorías en Dios, 18 y conoces su voluntad, he instruido por la ley apruebas lo mejor,
19 y confías en que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas, 20 instructor de los indoctos, maestro de niños, que tienes en la ley la forma de la ciencia y de la verdad”.
(1Cor 15:23) “Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida”.

Recibir el perdón de Jehová Dios Señor te mueve a preocuparte por tu iglesia local. Primero, asistir a las reuniones, luego comprometerte a hacer la voluntad de Dios con este grupo de hermanos en este lugar, y después buscar todas las maneras posibles de aportar a la iglesia. A mantener la paz y fomentar el amor. A servir para que la dinámica expansiva del testimonio de Cristo lleve la bendición de Dios a otras personas.
Si te quebrantas por el pecado, en Cristo hay pleno perdón.

PREDICADOR DE LA SANA DOCTRINA DE CRISTO: Pastor Víctor Ramón Preciado Balderrama; Hola hermanos les saludo con mucho amor en el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo, y con un solo propósito de que sean edificados sus vidas y sus ministerios, me gozo el saludarles y el que Dios me dé la oportunidad de servirles si me lo permiten, y con todo respeto a su doctrina o denominación, mi único interés es que corra la Sana Doctrina de Cristo.
Mi interés es que me des la oportunidad de servirles pues me queda muy claro que mi llamado no es de ser titular sino el de servir y que la Sana Doctrina de Cristo corra como un río poderoso arroyando toda basura de ignorancia. Por favor si les interesan estos materiales escríbanme pidiéndomelos a cualquiera de los siguientes correos, y con mucho gusto y en el amor a Cristo se los enviaré inmediatamente sin cuestionar nada y que el Espíritu Santo los dirija y los lleve por buen camino, solo les pido en este mismo amor NO LO VENDAN: lo recibes de gracia dalo de gracia.
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