viernes, 20 de noviembre de 2015

BUSCANDO UNA CONGREGACIÓN CON LA VERDAD

BUSCANDO UNA CONGREGACIÓN CON LA VERDAD

(Mat 22:16) “Y le enviaron los discípulos de ellos con los herodianos, diciendo: Maestro,  sabemos que eres amante de la verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te cuidas de nadie, porque no miras la apariencia de los hombres”.

(Lc. 8:11) “Esta es,  pues,  la parábola: La semilla es la palabra de Dios”.

(Mat 13:31,32) “31Otra parábola les refirió, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que un hombre tomó y sembró en su campo; 32El cual a la verdad es la más pequeña de todas las semillas; pero cuando ha crecido, es la mayor de las hortalizas, y se hace árbol, de tal manera que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas”.

(Mat 4:17) “Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos,  porque el reino de los cielos se ha acercado”.

(Ef. 1:13,14) “13En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 14 que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.

(Heb 6:9) “Pero en cuanto a vosotros, oh amados, estamos persuadidos de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación, aunque hablamos así”.
(Jud 1:3) “Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos”.

Es este un buen momento para preguntarnos por qué causa llegamos a los pies del Señor aquellos que hemos llegado a los pies del Señor de adultos. Seguramente que de cada una de las respuestas de ustedes, a las que habrá que sumar la mía personal, podremos armar una proyección estadística que seguramente se abrirá en un voluminoso abanico de situaciones. Mayoritariamente, y creo no equivocarme, habrá sido a partir de una o varias necesidades personales. Dramas, angustias y depresiones le habrán llevado un día, (Le hayan predicado el evangelio o no), a poner sus ojos en Cristo. Hoy, seguramente, y aunque algunas de sus luchas todavía puedan estar batallándose en su alma, lo que es como decir: su mente, no estará arrepentido/a para nada de aquella decisión.

Sin embargo, es al porcentaje que le sigue al que quiero dirigirme aquí. A aquellos que llegaron al evangelio en búsqueda de la verdad. A esta franja, sin embargo, habrán de sumársele muchos de la franja anterior. Porque desde que el hombre tiene uso de razón, empieza a retroceder a un intrincado y complicado camino en búsqueda de una verdad trascendente, que está mucho más allá de lo que se enseña en una casa o en una escuela, y a veces, también de la que se enseña en alguna denominada iglesia, que generalmente es congregación y, mayoritariamente, templo.
Y que por no saber adónde está, a muchísimos los ha llevado a los tenebrosos ámbitos del ocultismo, el espiritismo, las ciencias alternativas, las filosofías orientales y toda esa variada gama de ofertas de las que no podremos excluir a las supuestas religiones cristianas llenas de palabrería religiosa, pero carentes de poder real, visible y efectivo de parte de Dios.

Porque si yo le pregunto a un ateo qué es la verdad, me va a abrumar con respuestas sólidas, medulosas, analíticas, sumamente lógicas y hasta coherentes. Pero va a tener un problema que, aunque no me lo confiese, sé perfectamente que carcomerá su interior. Por mejores y más inteligentes respuestas que me dé, él sabrá íntimamente muy bien, que esos conceptos que tan bien maneja sobre la verdad, no le sirven absolutamente para nada. Que les son muy prácticos para sacarse de encima rápidamente a los que se acerquen a hablarle de cualquier tipo de dios, o del único Dios verdadero pero que en la intimidad no le sirven en absoluto para cambiarle la vida, ni a él ni a ninguno de aquellos que los comparten con él, ni para brindarle paz interior, ni para otorgarle seguridad en sus vidas, ni para proporcionarle felicidad o alguna otra cosa que pueda borrar sus angustias, sus miedos y sus depresiones. Pero no celebre demasiado: a muchos cristianos que teóricamente están opuestos de estos ateos, les sucede exactamente lo mismo. ¿Nunca se preguntó por qué? Porque han adoptado una religión, (En cada caso “la mejor”, o “la que tiene la verdad”), pero jamás han llegado a conocer esa verdad, porque la verdad produce frutos y cambios.

(Juan 8:31-32) “Dijo entonces Jesús a los judíos, (Que como usted sabe, por ser el pueblo elegido, son un símbolo, una tipología de lo que hoy es la iglesia), que habían creído en él; si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”.

ESTÁ MUY CLARO: Jesús les dice a todos los creyentes, que si conocen la verdad, van a tener auténtica libertad, así que es un buen momento para preguntarnos si nos sentimos verdaderamente libres. Porque desde este texto salta a la vista que, lo que lo hace libre a usted no es la verdad en sí misma, por ser la verdad, sino el conocimiento de esa verdad que nos hace cambiar nuestro carácter y muchas actitudes. Hay muchísima gente que vive donde está la verdad, que recibe gran información legítima sobre la verdad y que está en permanente contacto con la verdad, pero que nunca ha llegado a conocerla ni a incorporarla a su vida; por lo tanto, no son libres.

Todavía andan atados a una serie de cosas y oliendo a mundo e incluso metiendo al mundo y sus costumbres a las Iglesias, todo esto en las estructuras religiosas y los sistemas eclesiásticos que dicen tener la verdad, ¿Comprende la sutileza? El tema no pasa porque su congregación, su denominación tenga, practique y predique la verdad; el tema está en que usted la conozca, la crea, la ponga por obra, tenga comunión con ella y experimente, realmente, esa libertad en Cristo Jesús, que es la suprema de todas las libertades, la que le hace a usted un hijo de Dios dispuesto a cumplir su voluntad en contra de todo lo que se le oponga, aunque una parte de ese todo, sean los fariseos modernos, miembros quizás de su misma congregación o de muchos hermanos mundanos que se dejan arrastrar por las costumbres del mundo y dicen que no pasa nada y esto los hace apestar a mundo.
No obstante, en lo íntimo, puede ocurrir que todavía usted no sepa a ciencia cierta qué cosa es la verdad.
(Zacarías 8:3) “Así dice Jehová: yo he restaurado a Sión (La nación santa) y moraré en medio de Jerusalén. Y Jerusalén se llamará ciudad de la verdad, y el monte de Jehová de los ejércitos, Monte de Santidad”. (Como podemos observar claramente que Dios no ha fijado residencia en Israel últimamente, es indudable que se está refiriendo a la Jerusalén celestial, que es la iglesia, Su iglesia, no necesariamente todas las nuestras).

De aquí estamos extrayendo dos enseñanzas: en lo literal, Jerusalén iba a cobijar a la Verdad, sería la ciudad donde la Verdad se manifestaría y, en lo espiritual, la iglesia es la heredera y portadora de la verdad. ¿Cuál iglesia? Ya lo vamos a ver. Dios mío... ¿Será la Bautista? ¿Será la Pentecostal? ¿Serán las Asambleas? ¿Será la Nazarena? ¿Será la Metodista? ¿Será…? En Jeremías 33:3, encontramos una pista muy valiosa.

(Jer.33:3) “Clama a mí y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tu no conoces. (Esto significa, en principio, que todavía hay para cualquiera de nosotros, por mucho que conozcamos de teología, Dios nos va enseñar cosas grandes y ocultas que no conocemos. Además, si según leímos en Juan es el conocer la verdad lo que le hace libre, la Verdad, entonces, tiene que ser una de estas cosas grandes y ocultas que Dios nos enseñará si clamamos a Él. De acuerdo, pero... ¿Cómo lo hago? Mire lo que sigue):
(Jer.33:6) “He aquí, yo les traeré sanidad y medicina; y los curaré y les revelaré abundancia de paz y de verdad. (¿Le queda alguna duda, todavía, que Dios sí sigue sanando hoy?)

¡Basta ya de implementar campañas de sanidad invocando espíritus sanadores! ¡Basta ya de incorporar con privilegios a médicos y psiquiatras para ayudar al pueblo a encontrar la paz! ¡Basta ya de inaugurar cada día seminarios e institutos teológicos con la idea de descubrir la verdad! La sanidad, la medicina, la curación del cuerpo y del alma, la paz que sobrepasa todo entendimiento y la verdad, llegan porque Dios se los revela por su Espíritu a todos los que la buscan y claman por ella. Fíjese lo que dice Oseas.
(Oseas 4:1) “Oíd palabra de Jehová, hijos de Israel, porque Jehová contiende con los moradores de la tierra; porque no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra”.

El religioso actual podrá decir: ¿A ver; Cuándo fue escrito el libro de Oseas…? ¡Y Qué importancia en cuando! La palabra en Timoteo dice que TODA la palabra ha sido inspirada por Dios para enseñar, para redargüir e instruir en justicia. ¡Esto es hoy y ahora! De todos modos, parecería que seguimos dando vueltas alrededor sin decidirnos a penetrar en la verdad, conocerla íntimamente y ser libres de una vez por todas.
(Juan 4:24) “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en Espíritu y en verdad es necesario que le adoren”.
AQUÍ HAY UNA REVELACIÓN INTERESANTE. Dios es un Espíritu no visible al ojo humano. Y dice que se le debe adorar en Espíritu, pero también en verdad. ¿Y qué es adorar en verdad? Hemos interpretado que es sin simulación, sin hipocresía, sin rituales huecos y formales y está muy bien, es así. Pero hay algo más en esa palabra. Algo más grande, muy grande. La revelación, sin embargo, comienza a ampliarse cuando leemos Juan 16:13.

(Juan 16:13) “Pero Cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad, Porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, (¿Lo que oyere de quién?) y os hará saber las cosas que habrán de venir.
(Esto le enseña a usted que debe ser guiado sobrenaturalmente a la verdad. Nunca lo logrará por su inteligencia ni sus talentos intelectuales).

ESTE ES UN PUNTO CLAVE. Dice que el Espíritu de Verdad, nos va a declarar las cosas que van a venir. (Jn.14:16,17) “16Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: 17el Espíritu de verdad,  al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros”.

Pilatos, cuando estaba juzgando a Jesús, percibió, porque se esmeraba en ser justo, que la verdad que él también buscaba y ansiaba, no estaba muy lejos. Con su pobre y reducido entendimiento de su naturaleza carnal, entonces, lo confundió con un reinado humano. Por eso es que le preguntó a Jesús si era un rey. Si descubría que lo era, tenía el ingrediente justo para encontrarlo en un delito, juzgarlo y sentenciarlo. ¿Qué le dijo Jesús?

(Juan 18: 37-38) “37Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz. 38 Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad? Y cuando hubo dicho esto, salió otra vez a los judíos, y les dijo: Yo no hallo en él ningún delito”. Pilato sabía que estaba allí, pero al no conocerla, no la pudo ver. ¿Sabe ustedes cuántos Pilatos andan por allí caminando dentro de los templos? Lo que Jesús le dice a sus discípulos, textual, se lo está diciendo hoy a usted, a mí y a todos los que hemos tomado decisiones de fondo y que hoy poblamos todas las iglesias cristianas del mundo.

(Juan 14:1-6) “1No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. 2En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. 3 Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. 4 Y sabéis adónde voy, y sabéis el camino. 5 Le dijo Tomás: Señor, no sabemos adónde vas; ¿Cómo, pues, podemos saber el camino? 6 Jesús le dijo: Yo Soy el Camino, y la Verdad, y la Vida; nadie viene al Padre, sino por mí”.

Miles de millones saben que Jesucristo es el Camino, la Verdad y la vida. Sin embargo, viendo sus vidas, es como si eso no les alcanzara, ¿No es cierto? Se pierden, se confunden, caen en el engaño y llevan una vida mediocre y de permanente derrota.

¿Sabe por qué? Porque han creído, aceptado, leído y hasta enseñado y predicado que Cristo es el camino, la verdad y la vida. Pero no han podido decidirse a caminar por ese camino. Todavía insisten en sentirse independientes y prefieren hacerlo todo según se los dicta sus propias voluntades, deseos, gustos, preferencias o la propia sabiduría humana.
Si un día ustedes aceptaron a Cristo como Salvador personal; y decidieron convertirlo en Señor de su vida, y lo invitaron a entrar en su corazón, esto no fue una formalidad que le habilitó legalmente para ser miembro de una iglesia evangélica y ocupar cargos más o menos importantes en la organización de la institución denominacional donde se congrega. Es para que empiece a conocerlo y a dejarlo mover libremente en su vida sin ponerle trabas o impedimentos dictados por su naturaleza humana y carnal. Esa es la forma de caminar su camino. Incluye oponerse con firmeza, como él mismo lo hizo, a toda estructura religiosa de este tiempo, (tal como él lo hizo en su tiempo) y escaparle a la esclavitud a hombres que creen ser los dueños de la iglesia de Dios. No es un camino fácil. Para Jesús tampoco lo fue. Pero ese es EL camino.

¿Y ADÓNDE TE LLEVA ESE CAMINO? A conocer íntimamente a la persona de Jesucristo. Y ese es el conocimiento que le permite el acceso a la Verdad, porque Él es la Verdad. Más allá de sus actitudes y modos, de sus gestos, de sus palabras, de toda doctrina fuera de la doctrina de Jesús. ¡Él es la Verdad encarnada! Y cuando su intimidad con Él es real, sincera y profunda, es muy difícil que caiga usted en ritualismos huecos, filosofías complicadas o discursos convincentes. Se pone en marcha el mecanismo del poder del Espíritu Santo que siempre le estará guiando a toda verdad, encaje o no esta verdad en los manuales de teología inventados por los hombres, o en sus doctrinas particulares creadoras de todas las denominaciones existentes, aunque sean hoy por hoy las que le adjudican una pequeña ventaja al enemigo que ha conseguido hacer realidad un principio bíblico muy efectivo: DIVIDIRNOS. Sabido es que todo reino dividido no prevalece. (Mat 12:25) “Sabiendo Jesús los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá”.

El transitar por ese intrincado camino, el conocer íntimamente al Señor que mora en su interior y el haber accedido a su verdad, que es la única que vale para Dios, nos hace aterrizar en la tercera fase: LA VIDA. ¿Y qué es la Vida? La vida Eterna. ¡Por supuesto! Pero mientras llega ese momento del cumplimiento final del plan de salvación, usted tiene otra vida a la que puede acceder. Esa es aquí y ahora. Ya no vive más usted, mas Cristo vive en usted. Y es una vida totalmente diferente a la que haya estado viviendo hasta hoy. Diferente a la que pueda estar viviendo cualquier persona sin Cristo por más rica, famosa y prestigiosa que sea. Es la vida de Cristo en usted. Una vida de paz verdadera, no como el mundo la da; Es una vida de convicción férrea, de seguridad ante el futuro, de confianza, de gozo, de victoria, sin angustias, miedos ni depresiones. ¡Es una vida de libertad en Cristo Jesús! Es el cumplimiento real y práctico de: Conoceréis la Verdad y la verdad os hará libres.

Sin embargo, tengo convicción de que una pregunta le carcome el alma en este momento. Está pensando: Y, sí... No caben dudas que lo que este hombre está diciendo, es así nomás. Estoy totalmente de acuerdo con todo esto. La Biblia lo dice y yo quiero creerlo, pero: ¿Cómo hago para conocer a Cristo, al que no veo, si me cuesta tanto conocer a tantas personas que sí veo? La respuesta, también está en la palabra. Y en boca de Jesús.
(Juan 17:14) “Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció; porque no son del mundo como yo tampoco soy del mundo. 15 No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal”.

Conocer a Cristo, estar en comunión con Él, aprender a oír su voz y obedecer su palabra, es posible sólo saliéndose del sistema del mundo, yéndose fuera del ámbito de lo natural. De otro modo, siempre las circunstancias nos sobrepasarán y no podremos ver la realidad espiritual. Si usted se queda sin trabajo jamás podrá entender que, pese a todo lo que se ve diariamente por la televisión, para usted puede existir un trabajo que no existe para ninguno de los miles que lo buscan diariamente. Si usted se enferma de una enfermedad crónica, para usted hay una sanidad que no hay en el sistema del mundo.

Lo que ha sucedido, es que la iglesia en su preocupación casi desmedida por caer simpática como institución a la sociedad en la cual está inserta, en lugar de introducir en esa sociedad el sistema del reino de Dios, ha permitido “gentilmente” que el sistema del mundo se introduzca en la iglesia. De allí que la solución laboral, pasará por tener buenos contactos, que la sanidad física pasará por muchos médicos convertidos y que la sanidad del alma estará exclusivamente reservada a los muchos psicólogos cristianos que se congregan en nuestros templos. Hay un problema: eso termina dando gloria al hombre y no a Dios.
Y si bien está dispuesto a compartirla con sus hijos, Dios es celoso de su gloria y la protege. Esto es lo que se lee en (Romanos 1:25) “Cuando dice Ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al creador, el cual es bendito por los siglos. Amén”.

Quiero darme a entender, en este punto, que la búsqueda de la verdad no obedece a un mero interés y curiosidad humano por algo que lo intriga. La búsqueda de la verdad procede desde lo más recóndito de nuestro ser, del sitio que es imagen y semejanza de Dios, del Espíritu Santo. Buscar la verdad es el inicio; Encontrarla es el resultado. Ponerla por obra después de haberla creído es el corolario y el propósito de Dios para cada vida. De nada sirve si, habiendo encontrado la verdad, luego decidimos no encarnarla.

(Romanos 2:5-8) “5 Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, 6 el cual pagará a cada uno conforme a sus obras. 7 vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, 8 pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia”.
¿Se supone que está bastante claro, no es así? ¿Usted está buscando la verdad aunque lleve años de creyente o de miembro de alguna iglesia? No se condene ni se sienta mal. Hay una enorme cantidad de gente a la que le está sucediendo lo mismo, no es el único. Pero algo le tengo que decir: si su búsqueda es genuina, su búsqueda va a producir resultado positivo. Usted se va a encontrar cara a cara con la verdad que es Jesús. Entonces la pregunta es: ¿Qué va a hacer después que la haya encontrado? Allí está la punta principal de este delicado ovillo de fina lana celestial. Al sentir esa libertad distinta, que no lo va a llevar a la dependencia de ningún hombre de carne y hueso y que le va a mostrar el propósito de Dios con absoluta y meridiana claridad, ¿Para qué la va a utilizar? En el cuidado de esta decisión, está la revelación de su futuro de eternidad, nada menos.

(2Corintios 4:1,2) “1 Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos. 2 Antes bien renunciamos a lo oculto y vergonzoso, no andando con astucia  ni adulterando la palabra de Dios sino por la manifestación de la verdad recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios”. ¿Qué sería la manifestación de la verdad? Algo que se presenta como visible. Cristo es la verdad. Cristo visible. ¿Cómo hacer visible a Cristo? En nosotros mismos, ya que lo tenemos a Él en nuestros corazones, ¿No es así?

(2Corintios 6:1-7) “1 Así, pues, nosotros, como colaboradores suyos, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios. 2 Porque dice: en tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación. 3 No damos a nadie ninguna ocasión de tropiezo, para que nuestro ministerio no sea vituperado; 4 antes bien, nos recomendamos en todo como ministros de Dios, en mucha paciencia En tribulaciones, en necesidades, en angustias; 5 en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos; 6 en pureza, en ciencia, en longanimidad, en bondad, en el Espíritu Santo, en amor sincero, 7 en palabra de verdad, en poder de Dios…”
¡AQUÍ ESTÁ LA REVELACIÓN! El impacto del evangelio capaz de cambiar el mundo es el que se sustenta en la verdad, que es Cristo, y la manifestación de esa verdad, es la manifestación del poder sobrenatural de Dios, no bellas palabras, hermosos cultos o vibrantes mensajes llenos de emociones.

La revelación es no preguntarse como nosotros lo hacemos: ¿Podré yo hacer esto? Ahí va a saltar algún Teólogo inundado de versículos que le dirá: ¡Todo lo puedes en Cristo que te fortalece! Y es cierto, pero usted sigue sin poder de Dios. ¿Sabe por qué? Porque usted lo aceptó como Salvador y Señor, por fe; se llenó del Espíritu Santo, por fe, pero cree que la verdad está en Usted aún cuando anda fuera de la doctrina de Jesús. (2Jn 1:9) “Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo”.
Mientras Usted tome su llamado como titular y no como servidor Usted se ve como protagonista de la verdad. Ahí está la equivocación. Porque a Usted, lo tiene Dios como instrumento. La manifestación de la verdad que es como decir la manifestación de Cristo en la tierra a través de su cuerpo en Cristo Jesús que es la Iglesia.



ESTUDIO en Lerma por él:
Pr. Victor R. Preciado Balderrama
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viclaly.57.57@gmail.com
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