martes, 27 de mayo de 2014

CÓMO SER MEJORES PADRES

CÓMO SER MEJORES PADRES
(Éxodo 20:12 y 21:17; Dt.5:16; Mat.15:4 y 19:19; Ef.6:1-3; Col. 3:20)
(EFESIOS 6:4) “Y vosotros padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino
criadlos en disciplina  amonestación del señor”.
(COLOSENSES 3:21) “Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten”.
(Proverbios 10:1) “… El hijo sabio alegra al padre, Pero el hijo necio es tristeza de su madre”.
(Proverbios 15:1) “La blanda respuesta quita la ira; Mas la palabra áspera hace subir el furor”.

Hoy en día todos sabemos que es muy difícil ser unos buenos padres, o tan solo unos padres. Con el aumento de los divorcios, separaciones, madres solteras y las familias en las que el padre y la madre trabajan fuera de casa, el tiempo que queda para los hijos es muy escaso. Aun así, tengo el convencimiento de que la Sana Doctrina de Cristo, nos ayuda a tomar un buen equilibrio en nuestros trabajos o de la situaciones vitales de cada miembro de la familia, y es posible ser mejores padres de lo que somos.

Siempre tenemos tiempo para cambiar y mejorar. Ser mejores padres aunque no sea sencillo, puede conseguirse siguiendo unos pocos principios que hay que poner en práctica a diario, los cuales enumeraré a continuación:

PRINCIPIO 1: No se involucre en luchas de poder de las que es probable que nadie
                       salga victorioso.
PRINCIPIO 2: Diga cosas agradables a sus hijos de vez en cuando, sobre todo si
                       no se lo esperan.
PRINCIPIO 3: Es importante ser diferente. No deje que los hijos piensen que son más
                       atrevidos que sus padres.
PRINCIPIO 4: No haga cosas por sus hijos que ellos sean capaces de hacer por sí
                       mismos, a menos que esté seguro de que le devolverán el favor.
PRINCIPIO 5: Hay que tener una autoestima alta. Si el padre no la tiene, sus hijos
                       tampoco.
PRINCIPIO 6: Aprenda a pedir perdón cuando no cumpla sus propias espectativas de
                       exigencia al tratar a sus hijos.

LUCHAS DE PODER
Las luchas de poder se producen cuando alguien cree que ha perdido autoridad y quiere recuperar la sensación de control. Traen como resultado sentimientos negativos y es bastante difícil llegar a una solución satisfactoria, si no imposible. Los padres pretenden controlar a sus hijos y luego se sienten culpables por haber perdido la paciencia.
Los hijos se enfadan, se deprimen y fantasean sobre la manera de retomar el control sobre sus padres.

La sensación de pérdida de poder comienza a menudo a una edad temprana, y los padres que han experimentado esa sensación suelen transmitírsela al menos a uno de sus hijos, probablemente a aquel que tiene rasgos de carácter parecidos y que al padre no le gustan. Por tanto, los padres pueden evitar las luchas de poder siendo sinceros sobre lo que no les gusta de sí mismos. Comprenderse a sí mismo a través de la conciencia de uno mismo mejora nuestra labor como padres.

Para resolver las luchas de poder tome nota de los siguientes consejos:
1. Haga preguntas en lugar de órdenes.
2. Tenga una actitud de límite cuando se desencadene una lucha de poder.
3. Proporcione a su hijo más de una opción para elegir.
4. La persona a quien usted tiene que controlar es a sí mismo, no a su hijo.
5. Soltar una carcajada en mitad de una lucha de poder consigue pararla.
Enfrentarse a una lucha de poder de manera inteligente es el primer paso para convertirse en mejores padres.

CÓMO ALABAR Y CRITICAR A LOS HIJOS
Las alabanzas y las críticas son juicios que una persona emite sobre otra. Saber comunicar dichos juicios mejorará la labor de los padres y su relación con sus hijos.
Elogiar a los hijos cuando ellos se lo esperan sólo demuestra que los padres están haciendo lo que "deben" de hacer unos buenos padres. Cuando los hijos muestran un trabajo que ha hecho en el colegio y que ellos creen que es maravilloso, busca los elogios para reforzar sus propios sentimientos. Está bien concedérselos, pero es su propia opinión la que debe guiarle, no el juicio de los padres.
Cuando sus hijos saben que han hecho algo mal y no pueden evitar que los padres lo descubran, la crítica y el castigo posterior ya se han formado en su mente, aunque todavía los padres no hayan intervenido. Sus hijos sabrán cuando han hecho algo mal si han aprendido a juzgar sus propias actuaciones.

Decir cosas agradables a sus hijos cuando no se lo esperan tendrá un efecto duradero.
Es importante que sus hijos sepan que los sentimientos de su padre son positivos porque su opinión general de la vida es importante para él, aunque actúe como si no lo fuera. Por ejemplo, algunas de las cosas agradables que decir:
Se puede decir algo agradable sobre una característica personal favorable del hijo para demostrarle que uno no siempre tiene que hacer algo para merecer elogios.
Se puede decir algo agradable sobre algo que hayan hecho sus hijos, mostrándoles que es una buena actitud que son una fuente de sensaciones gratas.
Se puede decir algo agradable de uno mismo para mostrar que la autoestima positiva es buena. Se le está diciendo con ello a sus hijos que es posible sentirse bien con uno mismo sin buscar continuamente la aprobación de los demás.

ENSEÑAR A LOS HIJOS A HACER LAS COSAS POR SÍ MISMOS
Cuando los padres creen que deben hacerlo todo por sus hijos, tal vez los hijos no aprendan a ser responsables por sí mismos. Los buenos padres son aquellos que hacen menos cosas por sus hijos, dejándoles asumir responsabilidades a ellos. Este es un ejemplo en que menos es más. Los padres con demasiadas ganas de ayudar se arriesgan a incapacitar emocionalmente a sus hijos.

El meollo de la cuestión es que los padres arrebatan el poder a sus hijos cuando hacen por ellos cosas que ellos pueden y deben hacer por sí mismos. La ayuda debe ofrecerse cuando ha sido previamente solicitada y debe ir dirigida a ayudar a sus hijos a utilizar sus propios recursos para solucionar el problema. Si los hijos dicen que necesitan ayuda, la pregunta que hay que hacer es: ¿Qué te gustaría que hiciera yo? Los hijos que han pedido ayuda otras veces ofrecerán una respuesta razonable.



Los hijos a los que se les ha prestado demasiada ayuda tienen problemas para contestar porque no han analizado lo que necesitan para poder identificar los recursos que ellos mismos no poseen. Si el padre es selectivo a la hora de prestar ayuda, el hijo aprenderá a tener más recursos. Los buenos padres dan oportunidades a sus hijos para que aprendan a pedir ayuda y a controlar su capacidad para soportar la frustración, a la vez que aguantan su propio desasosiego cuando ven a sus hijos intentando solucionar un problema que les supera.

LA AUTOESTIMA DEL PADRE ES MUY IMPORTANTE
La mayoría de los buenos padres se preocupa por la autoestima de sus hijos y estarán dispuestos a hacer cualquier cosa para fomentarla. Casi siempre tendrán que aumentar primero la suya propia. La autoestima podríamos definirla como la experiencia de andar por la vida con un sentimiento de bienestar y satisfacción. Por la tanto la mejor manera de aumentar la autoestima es buscar más experiencias que produzcan bienestar y satisfacción.
Para sentirse satisfecho como padre, hay algunos sentimientos básicos que hay que procurar experimentar:
        Hay que procurar divertirse.
         Hay que confiar en que sus hijos estén sanos y sean felices.
         Hay que creer que los demás le respetan a uno como padre.
         Hay que sentirse satisfecho con el trabajo que se realiza.
         Hay que luchar contra el exceso de ansiedad.
         Hay que creer que los hijos agradecen las contribuciones de los padres a
         Sus propios triunfos.

Encontrar formas para experimentar más satisfacción en la vida familiar y en la labor de padres no es ningún misterio. Los buenos padres tienden a hacer cosas que la mayoría de los padres no hacen. Seguidamente les enumeraré una lista de sugerencias que les van a funcionar. Si funcionan en su caso particular, su autoestima aumentará porque obtendrán más placer y satisfacción en su propia casa.
1.   Pase tiempo a solas con cada uno de sus hijos siempre que pueda para que no le distraigan las necesidades de los otros miembros de la familia.
2.   Tenga un calendario en la cocina para establecer una valoración de cada día. Defina su propia escala. Esto le obligará a evaluar la calidad de cada día y a encontrar maneras de mejorar.
3.   Divida sus metas en etapas para que avance todos los días en la dirección adecuada.
4.   Si prefiere no enfrentarse a miembros de la familia verbalmente sobre algo que le molesta, déjeles notas.
         
APRENDAN A PEDIRSE PERDON:
¡¡Los padres siempre tienen razón, incluso cuando están equivocados!!.
Es difícil superar este tipo de educación, se necesitan muchos golpes psicológicos, crisis espirituales y honestidad personal para ello. Por eso muchos de nosotros evitamos mejorar como padres hasta que es demasiado tarde y nuestros hijos son demasiado mayores para agradecérnoslo.
Los hijos deben educarse en una sociedad mucho más compleja y peligrosa que aquella en la que fueron educados sus padres. Para aguantar y superar estos desafíos, los hijos tienen que estar seguros de sí mismos.


Tenemos que olvidar la creencia de que pedir perdón a los hijos implicará que somos demasiado blandos o que ellos tendrán un carácter débil. El mundo necesita más personas fuertes pero benévolas con sus hijos. Los buenos padres lo consiguen y ésa es una razón por la cual sus hijos se elevarán por encima de la norma cuando sean adultos. Los padres que creen que la única manera de educar bien a sus hijos es tener un control absoluto sobre ellos casi nunca piden perdón por haber cometido alguna ofensa. Los padres que necesitan mantener el control a toda costa son ciegos con respecto a su propio sentido de la irresponsabilidad. Antes o después, sus hijos aprenderán que sus padres carecen de credibilidad a pesar de las temibles muestras de enfado.
Negarse a pedir perdón cuando uno se ha equivocado refleja una actitud paterna disfuncional. No vale pedir perdón si se utiliza como un truco para suavizar las cosas.

DEBEN DE HACER SUS ACTOS CON SINCERIDAR.
El pedir perdón puede enseñar a sus hijos muchas lecciones importantes, al mismo tiempo que les ayudan a mantenerse con ellos una relación sincera y realista. Aquí va una lista de lo que pueden aprender:
1.   Aprendan que no tienen por qué tener siempre la razón y que, aunque estén equivocados, siguen siendo buenas personas.
2.   Aprendan que hay que admitir un error antes de poder corregirlo, y que corregir errores es importante.
3.   Descubran que pedir perdón es difícil, y que hay que ser fuerte para hacerlo.
4.   Que vean una muestra de sinceridad, que tal vez no vean en otra parte.
5.   Aprendan que una buena familia repara los malos sentimientos que se producen entre sus miembros.
6.   Aprendan la virtud de perdonarse unos con otros cuando pierden temporalmente el control.
7.   Aprendan que el perdón es una forma de reconocer que otra persona es digna de respeto.
8.   Aprendan que no es necesario alimentar rencores porque uno se sienta culpable por algo que ha hecho. Todo el mundo empieza a odiar a la persona hacia la que alberga un sentimiento de culpa.
9.   Aprendan a enseñarles a sus hijos que pidan perdón a sus padres cuando les han ofendido, y a resolver sus remordimientos y su complejo de culpa.
10.       Pedir perdón a los hijos cuando se les ha ofendido o tratado mal es el mejor método para mostrarles que son dignos y de respeto.
Los buenos padres tratan a sus hijos con más respeto que los padres normales, y es probable que sus hijos obtengan más éxito en este mundo tan complejo.
Piense en lo que hubiera sentido como hijo si sus padres hubiesen pedido perdón por sus ofensas, en especial por las que todavía no se les ha perdonado. No cometa el mismo error con sus hijos.

TENEMOS QUE RECUPERAR LOS VALORES EN LA FAMILIA
Es muy alarmante lo desintegración familiar: el deterioro en la convivencia social que distancia a algunos padres de sus hijos, y que, en su peor versión, llenan las páginas de sucesos, en los periódicos que tiene mucho que ver con el hecho de que las últimas dos generaciones han transformado parte de un sistema de valores que parecían aceptados, o percibido como positivo, en nuestra sociedad de Lerma. 


LA IMPARABLE VIOLENCIA MACHISTA, los desacuerdos entre padres e hijos y el culto que rinden a la violencia ciertos sectores juveniles, el nuevo fenómeno de adolescentes descontrolados durante fines de semana llenos de drogas y alcohol, el creciente fracaso escolar y la consiguiente desmotivación de chicos y chicas, la competitividad inhumana en algunas empresas... son manifestaciones de una problemática que tiene muchas y complejas causas, una de las cuales podría ser la quiebra de algunos valores universales despreciados por su aroma a viejo o poco moderno, como el respeto a las personas mayores, el cuidado con las cosas que son de todos o la cultura del esfuerzo como medio para el progreso material y personal.

Más de un consejero familiar como lo somos mi esposa y su servidor y también psicopedagogos en las escuelas que les comienzan a rehabilitarlos, aun a costa de cargar con una imagen negativa de reacciones o contrario a la moda y a los valores en moda, como el individualismo, la satisfacción inmediata de cualquier deseo o la diversión a toda costa. Parte de nuestra sociedad parece solicitar que quienes tenemos responsabilidades, entre otros padres, educadores y medios de comunicación, rescatemos esos valores "de siempre" que promuevan la vida en sociedad y dotan de un sentido humano, cívico (¡qué palabra tan aparentemente arcaica y sin embargo tan plena de significado hoy mismo!) y solidario a nuestras vidas.

ENSEÑAR CON EL EJEMPLO
En las últimas décadas han premiado, quizá como reacción a anteriores planteamientos más de corrección y reprensión que diálogos, unas posturas pedagógicas más permisivas y abiertas, basadas en el dejar hacer y en el principio de no presionar a la persona para que sea más espontanea.

La experiencia permisiva no es del todo positiva. A sus hijos que todo les adolece les cuesta reconocer la autoridad moral de sus padres y los problemas de convivencia afloran en muchas familias. Y son demasiados los jóvenes (y mayores, por supuesto) que se comportan ignorando los más elementales principios de unión, de apoyo, y de respeto a los demás miembros de la familia.
De una seca y fría autoridad, que no da ninguna explicación y menos aún a escuchar a sus hijos, y esto causa que estemos en el otro lado del extremo; de ser permisivos a ser fríos y secos.
Es muy importante recuperar la autoridad del dialogo, una autoridad que fija y marca límites justos, razonables y negociables, necesarios para el aprendizaje de la libertad personal y la convivencia social.
Si no se discute que es difícil educar en valores cuando se mantiene una actitud controladora y represiva, cada día está más claro que no es más sencillo conseguirlo desde la tolerancia casi sin límites que parece reinar hoy en muchos hogares. No son pocos los padres y educadores, y en general adultos, que temen contrariar a los jóvenes, aunque la razón les asista.
Ahora bien, no se trata de auto-culpabilizarnos, ni de culpar a nadie de por qué y cómo hemos llegado donde estamos, si no de que cada uno, como parte implicada, asumamos la cuota de responsabilidad que nos corresponde en la educación en esos valores. Pero sólo en la medida en que vivamos los valores que queremos trasmitir conseguiremos el objetivo. Porque educar es, fundamentalmente, comunicar a través del ejemplo, trasmitir actitudes y comportamientos.

UNO A UNO, DIEZ VALORES MUY RESCATABLES
NO OLVIDEMOS NUNCA QUE ANTE NUESTROS HIJOS SOMOS SUS MODELOS.
1) Respetar a los mayores: no por imposición más bien por un sincero respeto.
2) Prestigiar a los educadores: volver a revestirles de la dignidad y respeto que su profesión merece y aceptar su autoridad.
3) Solidaridad con los débiles (y no sólo con los marginados) que nos rodean.
4) Respeto a los bienes y servicios públicos: educar en la máxima "esto es de todos y hemos de velar porque se encuentre en buen estado" y en la obligación de cuidar como nuestro el patrimonio común.
5) No dejarnos llevar por el consumismo. Nada tiene de malo el bienestar material, pero intentemos ser consumidores conscientes e informados, y controlar la ansiedad de comprar por comprar.
6) Aprender a escuchar: de forma incondicional (sin juicios ni prejuicios), activa y empática, comunicando de verdad con el interlocutor e intentando ponernos en su piel.
7) Aprender a esperar, a respetar el turno. Superar la ansiedad de ser el primero, de conseguirlo todo a la primera y rápidamente. Los demás también esperan.
8) Aprender a perder, a fallar, a asumir el fracaso como proceso básico de todo aprendizaje de crecimiento personal. Un "no" hay que saber asumirlo sin dramas. Tendremos que oír muchos en nuestra vida.
9) Desarrollar el sentido de responsabilidad, potenciar la cultura del esfuerzo. Organización, puntualidad, empeño por hacer bien las cosas.
10) Potenciar la autoestima, cuidar de nosotros mismos. Aceptación, valoración y mimo hacia uno mismo.

LA RESPONSABILIDAD EN LOS HIJOS
Enseñar a los niños a ser responsables requiere un ambiente especial en el hogar y en la escuela. Se trata de conseguir un ambiente que les ofrezca información sobre las opciones entre las que deben escoger y las consecuencias de cada una de ellas, y que les proporcione también los recursos necesarios para elegir bien.
La responsabilidad es la habilidad para responder; se trata de la capacidad para decidir apropiadamente y con eficacia, es decir, dentro de los límites de las normas sociales y de las expectativas comúnmente aceptadas.

Por otro lado, una respuesta se considera efectiva cuando se les permite a sus hijos conseguir sus objetivos que reforzarán sus sentimientos de autoestima.
La responsabilidad conlleva, en cierta forma, ser autosuficiente y saber defenderse.
Estas son virtudes propias de cada uno de sus hijos que los hace muy diferentes uno del otro este es el poder personal, "La autoestima en sus hijos", significa tener seguridad y confianza en uno mismo y para ello es necesario ser responsable además de saber elegir, llegar a conocerse a uno mismo y adquirir y utilizar el poder en las propias relaciones y en la vida de cada uno.

Para sus hijos es normal tener cierto temor a los límites, temor que desaparece conforme sus hijos van comprobando que límites y consecuencias se integran en un sistema coherente. Padres e hijos pueden contribuir a conformar el sentido de los límites de diferentes maneras: Sabiendo sus hijos claramente de lo que se tratan estos acuerdos y que ellos mismos comprendan lo que esperan de sus hijos.


  1. Exponiendo sus expectativas de manera que sus hijos las entiendan, incluyendo la asignación de responsabilidades acerca de tareas y deberes.
  2. Averiguando que si sus hijos entienden estas expectativas, bien haciéndolas repetir o bien guiándole mientras las cumple.
  3. Estableciendo claramente los límites de tiempo razonables para realizar tareas o debes escolares, sin ambigüedades.
  4. Explicando a sus hijos las consecuencias de no hacer las cosas. Estas consecuencias deben aplicarse coherentemente, sin sentimientos de culpabilidad o remordimientos y sin hacer sufrir a sus hijos. La coherencia es más importante que la fría autoridad.
  5. Redactando y colocando un cartel con todas las reglas y las obligaciones, de modo que no pueda alegarse como excusa "el olvido".
  6. Participando padre y madre (cuando sea posible) en la explicación de las reglas a los hijos. Así sabrán que ambos las apoyan y mantienen.
  7. Consiguiendo que todos sus hijos tengan responsabilidades equiparables, con los ajustes necesarios en función de su edad y de sus habilidades particulares.
  8. Un hijo es responsable cuando sus actos coordinan, de forma creativa, sus propios objetivos con las necesidades de los demás. Para ello, los adultos tienen que ayudar a los hijos a obtener este equilibrio, y a definir sus propios valores y a resolver las dificultades en función de sus propios sentimientos.
  9. Cuando sus hijos tengan sentido de la responsabilidad cosechará éxitos cada vez con mayor frecuencia, y se beneficiará de las consecuencias positivas de esos éxitos.

Muchos padres creen que las recompensas por buen comportamiento son una especie de "soborno", pero las recompensas de orden material (dinero, juguetes...) sólo se convierten en sobornos si son la única técnica que se utiliza para motivar a un hijo.

Recompensas son aquellas cosas que sus hijos valoran, cosas que desean o que necesitan. Existen también recompensas que no son materiales que conviene recordar:
Hágale saber a sus hijos, de palabra, mediante elogios, qué cosas ha hecho bien: "has limpiado tu armario estupendamente". Proporciónele ese reconocimiento de forma espontánea, periódicamente, relacionándolo con sus logros: "¿Qué te parecería ir a comprarte un helado? La verdad es que has hecho un trabajo muy duro limpiando el cuarto y el baño"
Apoye a sus hijos cuando lo necesiten: "Como me ayudaste ayer a limpiar el jardín, bien puedo yo ahora ayudarte a hacer los deberes"
Muestren interés por lo que hacen sus hijos y anímenles: "Ya que tienes que ir a una reunión de los jóvenes esta noche, yo me ocupo de lavar los platos"
Comparta con sus hijos algunas tareas de tanto en tanto, como reconocimiento a sus esfuerzos: "La verdad es que ayer dejaste tu habitación limpísima: ¿qué te parece si te ayudo a limpiarla hoy?
En ocasiones las responsabilidades de sus hijos producirán cierta incomodidad a los adultos. Sus hijos necesitan que los adultos sean pacientes y tolerantes.

EL APRENDIZAJE DE LA RESPONSABILIDAD
A sus hijos que no sean considerados responsables de sus actos les será más difícil aprender de sus experiencias. Enseñar a sus hijos a ser responsables no quiere decir enseñarles a sentirse culpables.

Los que tengan sentido de la responsabilidad poseerán los medios, las actitudes y los recursos necesarios para valorar con eficacia las diferentes situaciones y decidir de forma consecuente para ellos y para los que se encuentran a su alrededor.
Uno de los aspectos básicos de la enseñanza de responsabilidad a sus hijos es la cuestión: "¿Quién es el responsable de acordarse de las cosas?" Sus hijos pueden saber hacer las cosas y desear agradar a los padres pero si no han tomado sobre sí la responsabilidad de acordarse, no pueden ser responsables. Hay algunas prácticas que estimulan a sus hijos a recordar, prácticas que pueden abandonarse conforme sus hijos crecen y van siendo capaces de asumir mayores responsabilidades:
1. Escriba las cosas y colóquelas en lugar visible.
2. No les recuerde las cosas a sus hijos una vez esté seguro de que le han escuchado y entendido. Recordar las cosas a sus hijos se convierte en una mala costumbre de la cual sus hijos pasan a depender.
3. Establezca costumbres lo más regulares posible. Cuando las cosas ocurren de forma predecible y regular, se incrementa la capacidad de recordar de sus hijos.
4. No le dé miedo castigar a sus hijos cuando se "olvida".
5. Acuérdese de lo que usted ha dicho. Si los padres lo olvidan, están otorgando a sus hijos, permiso, para hacer lo mismo.
Una vez que a sus hijos se les ha asignado ciertas obligaciones, los padres no deben confundirles ni fomentar la irresponsabilidad volviéndose a hacer cargo de las tareas encomendadas.

LOS PADRES RELEVAN A SUS HIJOS DE SUS RESPONSABILIDADES SI...
1)  ...les recuerdan las cosas cuando ellos "se olvidan"
2)  ...lo hacen ellos mismos porque "es más sencillo"
3)  ...subestiman la capacidad de los hijos.
4)  ...aceptan que sus hijos se califiquen a sí mismos de incompetentes o irresponsables.
5)  ... hacen cosas por sus hijos para que ellos les quieran o para que no les hieran en sus sentimientos.
6)  ...creen que sólo los padres que trabajan duramente y hacen un montón de cosas por los hijos son "buenos" padres.

¿CÓMO ENSEÑAR A SUS HIJOS A SER RESPONSABLES?
Para enseñar a los niños a ser responsables tiene que existir un programa claro de recompensas y alabanzas que ofrezca respuesta a su comportamiento (al que ya hemos hecho referencia anteriormente).
Por otro lado, sus hijos seguirán siendo irresponsables si la respuesta que obtienen es la crítica excesiva, la exposición al ridículo o a la vergüenza.
Sus hijos a los que se recompensa por ser responsables van desarrollando gradualmente la conciencia de que la responsabilidad y los buenos sentimientos están relacionados; y, con el tiempo, disminuye su necesidad de recompensas externas.

Las siguientes sugerencias nos pueden ayudar a responder la pregunta planteada en este apartado de cómo enseñar responsabilidad:
1. DESARROLLE LA SENSACIÓN DE PODER DE SUS HIJOS.
Cuando se tiene sensación de poder se poseen los recursos, oportunidades y capacidades necesarias para influir sobre las circunstancias de la propia vida. Enseñar a sus hijos a ser responsables incrementa su sensación de poder.

2. AYUDE A SUS HIJOS A TOMAR DECISIONES.
Sus hijos que han aprendido a ser responsables toman mejores decisiones que los que no han aprendido a serlo. Podemos contribuir a aumentar la capacidad del niño para tomar decisiones si ayudamos a:
• Resolver los problemas que crea la necesidad de tomar una decisión.
• Buscar otras soluciones.
• Seleccionar una de las alternativas mediante la valoración de sus consecuencias.
• Valorar la eficacia de las decisiones por medio de una discusión posterior.

3. ESTABLEZCA NORMAS Y LÍMITES.

4. UTILICE TAREAS Y OBLIGACIONES PARA CREAR RESPONSABILIDAD.
Tareas y obligaciones son cosas concretas: se puede especificar cómo, cuándo y quién debe hacerlas. Esto ayuda a desarrollar la capacidad de organización y manejar los propios recursos.

5. SEA COHERENTE.
Es la mejor forma de indicar a sus hijos que los adultos dicen las cosas en serio. Los adultos coherentes ayudan a sus hijos a sentirse seguros. Cuando no existen normas claras y evidentes, no hay manera de ser coherente.

6. NO SEA ARBITRARIO.
Ser arbitrario significa hacer algo diferente de lo que se había dicho o hacer algo sobre lo que no se había advertido. Para evitar ser arbitrarios debemos aclarar lo que queremos, comunicar estas expectativas de forma sencilla y directa, y concretar cuáles son las consecuencias esperables si el niño actúa en consonancia o no con esas expectativas.

7. DÉ RECOMPENSAS POR SER RESPONSABLE.

SUS HIJOS SON RESPONSABLE SI...
1)  realizan sus tareas normales sin que haya que recordárselos en todo momento.
2)  pueden razonar lo que hacen.
3)  no echan la culpa a los regularmente demás.
4)  son capaces de escoger entre diferentes alternativas.
5)  puede jugar y trabajar a solas sin angustia.
6)  puede tomar decisiones que difieran de las que otros toman en el grupo en que se
7)  mueven (amigos, pandilla, familia, etc.)
8)  poseen diferentes objetivos e intereses que pueden absorber su atención (Face).
9)  respetan y reconocen los límites impuestos por los padres sin discusiones inútiles.
10) puede concentrar su atención en tareas complicadas (depende de su edad)
11) durante cierto tiempo, sin llegar a situaciones de frustración.
12) llevan a cabo lo que dicen que van a hacer.
13) reconocen sus errores.
                                   
Con Amor para Ustedes VICLALY.
Jesús dice: (Juan 15:5)  “…;  porque separados de mí nada podéis hacer”.


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